domingo, 25 de diciembre de 2011

MENSAJE DE NAVIDAD

 
Santa Navidad y Fructífero Año Nuevo
ZENIT felicita a sus lectores, benefactores y donantes
 

Era el hijo de Dios y tenía el universo como hogar, pero decidió nacer en un pesebre.

 

Ser supremo y perfectísimo, decidió nacer pequeño y limitado en el vientre de María.

 

Los hombres se dirigían e invocaban a los dioses paganos, por eso cuando él reveló quién era y porqué fue enviado entre la gente, no le creyeron. No se había oído nunca de un Dios que fuese a buscar a los hombres, para recordarles que habían sido hechos por amor y para amar.

 

Podía acabar con sus enemigos, en cambio enseñaba a perdonar incluso a quienes querían matarle.

 

Era un Dios tan bueno, que no había afligido, pobre o enfermo al cual no se acercara. Para todos tenía palabras de amor y consuelo. Estaba tan enamorado de la humanidad que sufrió todos los dolores de la Pasión para lavar nuestros pecados.

 

De este modo, salvó incluso a aquellos que quisieron crucificarlo. Su Nacimiento y su Resurrección han revolucionado la historia y son la razón de nuestra infinita esperanza.

 

Y es este sentimiento de gratitud y de amor el que queremos difundir por el mundo.

 

Deseamos a ustedes y a sus familias, una Santa Navidad y un Año Nuevo colmado de gracias.

 

Cuenten por encima de todo, con nuestras oraciones.

 

El equipo y la redacción de ZENIT

 

domingo, 20 de noviembre de 2011

Y llegó el gran y apoteótico coro.

Disfrútenlo

Solo es MUSICA, pero muy emocionante.

http://www.youtube.com/watch?v=fmxdGkl0oWg&feature=autoplay&list=QL&index=3&playnext=3

Principio del formulario

«RECUERDO»

 

Por: José Enrique Galván. Duque y Tamborrel

 

Es del vulgo reconocer que recordar es volver a vivir,  A veces, según le lleguen a uno ese recuerdo, causa tristeza y otras, felicidad.  Desde luego que influye, en forma importante, el momento que se vive y el porqué el subconsciente haya llamado al recuerdo que se trate.

 

Generalmente en este tipo de definiciones, lo más seguro es que se enrede uno al tratar de hacerla, como se dice coloquialmente: acaba uno por hacerse bolas.  ¡Bueno, pero de todos modos es lindo recordar!, siempre y cuando ¡claro! No nos cause amargura, porque entonces es odioso.

 

En esa tesitura, se encuentra uno con variadas definiciones y/o reflexiones sobre el recuerdo.

 

v "Recuerdo: campana que suena en el valle profundo del olvido".

v "Se acordarán de tu nombre por toda generación y generación".

v "El recuerdo del mal pasado es alegre".

v "Los recuerdos embellecen la vida, pero sólo sabiendo olvidar se puede vivir".

v "No muere el hombre si su muerte vive".

v "No hay dolor más grande que el de acordarse de tiempo feliz en la desgracia".

v "En todo recuerdo hay una tristeza".

v "Si en mitad del dolor tener memoria/del pasado placer es gran tormento".

v "Memoria tristes de mi bien perdido/me siguen siempre, y me molestan tanto, /que deseo acabarlas en olvido".

v "Conservar algo que me ayude a recordarte, sería admitir que te podría olvidar".

v "Que sólo con el bien de tal memoria/toda la peno me trocáis en gloria".

v "Sólo aquel que conoce la añoranza—podrá saber el sentimiento mío".

v "La reminiscencia es como la sombra del recuerdo".

v "La memoria es el espejo donde vemos a los ausentes".

v "¿Por qué voléis a la memoria mía, tristes recuerdos del placer perdido…?"

v "Vistas las cosas en la cámara oscura del recuerdo, toman un relieve singular".

v "Yo tengo más recuerdos que el hombre milenario, y no me apachurro".

v "Los recuerdos son habitaciones sin cerraduras –habitaciones vacías donde nadie se atreve a entrar—porque en ellas murieron muchas bellas ilusiones".

v "Como un enjambre de abejas irritadas, /de un oscuro rincón de la memoria/salen a perseguirnos los recuerdos de las pasadas horas".

v "Es feliz porque sabe gozar de los recuerdos".

v "El dolor de recordar".

v "…el recuerdo tenaz, cárcel del alma".

v "Con maderas del recuerdos armamos las esperanzas".

v "Se vive en el recuerdo y por el recuerdo, y nuestra vida espiritual no es  en el fondo, sino el esfuerzo de nuestro recuerdo por perseverar, por hacerse esperanza, el esfuerzo de nuestro pasado por hacerse porvenir".

v "Los recuerdos tienen más poesía que las esperanzas; como las ruinas son mucho más poéticas que los planos de un edificio en proyecto".

v "Has dejado tras de ti –en algún lugar--, alguna cosa que te atormenta y que quiere seguirte".

 

 Recuerdo… Recuerdo… ¡Cuántas definiciones y/o reflexiones se han escrito y se seguirán escribiendo sobre él!   Claro, depende y dependerá de cómo la vaya en la feria de la vida al que escriba sobre él.

 

Así, volamos hacía la música. Música… música… música, esta tiene una relación intrínseca con el recuerdo, es un gran alcahuete del recuerdo.  La música nos transporta a una vivencia; una vivencia del color que sea, alegre, misteriosa, feliz, amarga, triste, etc.

 

Terminé de estudiar la carrera de Ingeniería Civil, carrera que realicé en la Escuela Nacional de Ingenieros de la UNAM, en 1951.  Todos los compañeros de generación (1947.1951) celebremos esa terminación con una fiesta, en la que, al final, todos unidos cantamos "La barca de oro", estableciendo un parangón entre la mujer de la canción, con el histórico y bello Palacio de Minería, sede de nuestra amada escuela.  Fue nuestro himno de despedida de nuestra Alma Mater. Ahora la escucho e irremediablemente se me salen las lágrimas y añoro esa época. 

¿Me quieren acompañar?  Volemos pues…. 

http://youtu.be/rNNEY_DsT4s

 

No cabe la menor duda de que la época de la juventud es una etapa inolvidable de la vida.   El primer amor, que para mi se convirtió en el gran amor de mi vida, y además perenne; la perdí pero prevalece muy dentro de mi. 

 

La música de los cincuentas está llena de recuerdos, amargos unos, felices otros, pero todos llenan ineludiblemente una inolvidable época de mi vida.  Los invito a hacer un recorrido musical de aquella época, tal y como si anduviéramos de "Gallo".  ¿Quieren?  Bueno, pues ahí vamos:

 http://youtu.be/0WHThC5AgCQ

http://youtu.be/iFrxtiYY6_4

http://youtu.be/hhe9wXtfeAI

http://youtu.be/Tjobzed66-k

http://youtu.be/2dGpX6VqX_0

http://youtu.be/79KrYZMlGaQ

http://youtu.be/h8jikGFLyfQ

http://youtu.be/rNJpQVEArIs

http://youtu.be/O5FWpdFnzV0

¿Qué les pareció?  ¿Les gustó?  ¿Sí?  Que bueno, me da mucho gusto y le agradezco de todo corazón la atención que tuvieron a bien dar a la presente:

Reciban un abrazo con mi saludo cariñoso.  Dios los bendiga,  ¡ABUR!

 

 

sábado, 5 de noviembre de 2011

Recuerdos de mi hija Ivonne

 

Por: Enqieue Galván-Duque Tamborrl

 

Mi hija adorada Ivonne, siempre se ha significado por procurarme alegría.  De chica era obviamente natural, por el gran amor que uno profesa por los hijos, pero creció y entonces ha sido ella la que no pierde detalle para proporcionarme esa alegría que la los padres llena nuestro espíritu.

 

Dios te bendiga, hija adorada, Él te colmará de bienestar y felicidad.

 

En ese proceder de mi bendita hija, recordándome siempre, me mandó algo que sabe que llenará mi espíritu, dos excelsas composiciones musicales, las cuales espero compartan conmigo.

 

http://youtu.be/qB76jxBq_gQ

 

http://youtu.be/ZIsQPdC9YnY

 

miércoles, 19 de octubre de 2011

Respeto a la tradición

Abandonar la tradición significa cortar sus propias raíces


Alocución de Pablo VI a sus coterráneos de Brescia, el 26 de septiembre de 1970:


«Permitid que un conciudadano vuestro de ayer rinda homenaje a uno de los valores más preciosos de la vida humana y más descuidados en nuestro tiempo: la tradición.


Es un patrimonio fecundo, es una herencia a ser conservada.


Hoy las nuevas generaciones tienden completamente hacia el presente, o más bien hacia el futuro. Y está bien, siempre que esta tendencia no oscurezca la visión real y global de la vida; porque, para gozar del presente y preparar el futuro, el pasado nos puede ser útil y, en cierto sentido, indispensable.


El alejamiento revolucionario del pasado no siempre es una liberación, sino que con frecuencia significa cortarse sus propias raíces.


Para progresar realmente y no decaer, es necesario que tengamos el sentido histórico de nuestra propia experiencia. Esto es verdad hasta en el campo de las cosas exteriores, técnico-científicas y políticas, donde el curso de las transformaciones es más rápido e impetuoso; y lo es más aún en el campo de las realidades humanas, y especialmente en el campo de la cultura; lo es en el de nuestra Religión, que es toda ella una tradición proveniente de Cristo».


lunes, 26 de septiembre de 2011

Recuerdo especial II

 

Por: Enrique Galván Duque Tamborrell

 

A través de la vida, se van fijando en la mente personas y sucesos que prevalecen en la mente a pesar de los embates que esta sufre.

 

En forma muy especial, como acurrucado en un rincón intocable, inaccesible para cualquier intruso que quiera afectarlo, se encuentra acurrucado y cobijado el imperecedero recuerdo de mis padres.

 

En ese bloque intocable e incorruptible que es el sagrado recuerdo de mis padres, brilla con fuerza propia el recuerdo de mi excelsa madre, en memoria de ella, que está a lado del Señor, ofrezco el siguiente poema del P. Mariano de Blas.

 

A ti, madre mía:


Dulcísima Madre mía,
he venido a saludarte con cariño
en este nuevo día.
¿Quién te hizo tan bella?
Quizás Tú no lo sepas,
pero yo no puedo contemplar tu rostro
y mirar tus ojos de cielo
sin emocionarme hasta el alma.

¿Quién me amó tanto, tanto,
que me hizo hijo tuyo?
Hermosísima Reina, Madre de bondad,
estás hecha de bondad y de amor.

¡Qué felices nos has hecho,
qué afortunados por tenerte como madre!
Era yo un gitanillo que inspiraba compasión,
Era un niño pobre, un niño malo.
Había caminado descalzo
Por sendas de piedras y maleza;
traía una carita sucia de lágrimas antiguas
y polvo de muchos caminos.

Era un niño pequeño,
pero había sufrido ya como adulto.
Se me había olvidado la sonrisa.
El futuro era negro de nubes espesas.
Y, de pronto, apareciste Tú en mi vida.
Una mujer muy hermosa,
una mujer que inspiraba todo el cariño del mundo.

Me mirabas con una sonrisa de cielo.
Me llamaste con una voz tan dulce...
Me esforcé en sonreír un tanto,
y me fui acercando temblando de emoción.
De pronto, tus manos se abrieron
y me sumergí en un abrazo tan dulce
que todas mis penas se fueron;
y me sentí el niño más feliz del mundo.

Pero mi alegría fue más grande que yo mismo,
cuando de tus labios graciosos brotó esta palabra: "Hijo mío."
Quise decir algo que brotaba con ímpetu del corazón.
No pude decirlo, no me atrevía.
Miré mis sandalias rotas, mi vestido raído;
mi corazón y mis manos no eran limpios.

"Hijo mío, cuanto te quiero,
cuánto te he esperado, hijo de mi alma."
Entonces ya no pude callarme y le dije
con las lágrimas más puras
y la alegría de un niño feliz:
"Madre mía te quiero con todo mi corazón."
Y un abrazo fundió
a la Madre pura y santa
y al niño pecador.

"He ahí a tu Madre, he ahí a tu hijo"
El que dijo estas bellas palabras
era Dios mismo,
un Dios que moría por mí en una cruz:
un Dios que me dio a su misma madre
en un impulso de amor.
No es un rato de contento,
es una eternidad de felicidad.
La eternidad de la alegría
comenzó desde ese momento
en que Jesús dijo esas palabras en la cruz.
Nos daba su vida y su sangre,
nos daba la Madre de sus sueños.

Desde entonces ya no soy el niño malo;
que malo no puedo seguir siendo
junto a una Madre tan buena.
Ya no soy un niño huérfano,
ni triste ni harapiento.
Soy el niño más feliz.
Ya mis lágrimas son de de amor y alegría,
por Ella, por mi Madre del cielo.

Caminar contigo es tocar el cielo con la mano;
vivir junto a Ti es ya adelantar la gloria.
Contigo los dolores se mitigan,
las amargas lágrimas se detienen
y el desierto vuelve a florecer.
Mi desierto ha vuelto a florecer.
Todo cambió desde aquel día,
el día maravilloso en que te conocí, oh Madre.
Yo no te conocía, primor de los valles.
Ignoraba que existías, amor de mi vida.
Pasé junto a valles hermosos y bellísimas flores
y nunca imaginé que Tú tenías
la luz y la belleza de los valles y las flores.
Vida mía, amor mío,
Vida, belleza y amor ensamblados.

Eres una senda florecida
que me ha conducido a Dios.
Me enamoré de Ti primero para siempre,
pero tu amor me llevó dulcemente, sin fatiga,
hacia el Dios Amor.
Tú me hiciste querer a ese ser infinitamente amable.
Presentaste a mis ojos
a un Dios Niño, ternura infinita,
un encanto de Dios hecho niño por mí.

La mujer que es amor
llevando en sus brazos al Niño que es amor,
porque es el Niño Dios.
Oh Madre dulcísima,
no quiero jamás separarme de Ti,
no quiero jamás separarme del Dios
que me has enseñado a querer;
el mismo Dios que Tú amas tanto
porque es tu Dios y es hijo de tus entrañas.
Enséñame a amarlo con todo mi corazón





 

Recuerdo especial 1

Por: Enrique Galván Duque Tamborrell

 

 

A través de la vida, se van fijando en la mente personas y sucesos que prevalecen en la mente a pesar de los embates que esta sufre.

 

En forma muy especial, como acurrucado en un rincón intocable, inaccesible para cualquier intruso que quiera afectarlo, se encuentra acurrucado y cobijado el imperecedero recuerdo de mis padres.

 

En ese bloque intocable e incorruptible que es el sagrado recuerdo de mis padres, brilla con fuerza propia el recuerdo de mi excelsa madre, en memoria de ella, que está a lado del Señor, dedico fervorosamente el siguiente pensamiento.

 

 

A ti, madre mía inolvidable:

Madre mía te quiero con todo mi corazón Caminar contigo es tocar el cielo con la mano; vivir junto a Ti es ya adelantar la gloria. Contigo los dolores se mitigan, las lágrimas se detienen. Dulcísima Madre mía, he venido a saludarte con cariño en este nuevo día. ¿Quién te hizo tan bella? Quizás Tú no lo sepas, pero yo no puedo contemplar tu rostro y mirar tus ojos de cielo sin emocionarme hasta el alma. ¿Quién me amó tanto, tanto, que me hizo hijo tuyo? Hermosísima Reina, Madre de bondad, estás hecha de bondad y de amor. ¡Qué felices nos has hecho, qué afortunados por tenerte como madre! Era yo un gitanillo que inspiraba compasión, Era un niño pobre, un niño malo.

Había caminado descalzo por sendas de piedras y maleza; traía una carita sucia de lágrimas antiguas y polvo de muchos caminos. Era un niño pequeño, pero había sufrido ya como adulto. Se me había olvidado la sonrisa. El futuro era negro de nubes espesas. Y, de pronto, apareciste Tú en mi vida. Una mujer muy hermosa, una mujer que inspiraba todo el cariño del mundo. Me mirabas con una sonrisa de cielo. Me llamaste con una voz tan dulce... Me esforcé en sonreír un tanto, y me fui acercando temblando de emoción. De pronto, tus manos se abrieron y me sumergí en un abrazo tan dulce que todas mis penas se fueron; y me sentí el niño más feliz del mundo. Pero mi alegría fue más grande que yo mismo, cuando de tus labios graciosos brotó esta palabra: "Hijo mío." Quise decir algo que brotaba con ímpetu del corazón. No pude decirlo, no me atrevía. Miré mis sandalias rotas, mi vestido raído; mi corazón y mis manos no eran limpios. "Hijo mío, cuanto te quiero, cuánto te he esperado, hijo de mi alma." Entonces ya no pude callarme y le dije con las lágrimas más puras y la alegría de un niño feliz: "Madre mía te quiero con todo mi corazón." Y un abrazo fundió a la Madre pura y santa y al niño pecador. "He ahí a tu Madre, he ahí a tu hijo" El que dijo estas bellas palabras era Dios mismo, un Dios que moría por mí en una cruz: un Dios que me dio a su misma madre en un impulso de amor. No es un rato de contento, es una eternidad de felicidad.

La eternidad de la alegría comenzó desde ese momento en que Jesús dijo esas palabras en la cruz. Nos daba su vida y su sangre, nos daba la Madre de sus sueños. Desde entonces ya no soy el niño malo; que malo no puedo seguir siendo junto a una Madre tan buena. Ya no soy un niño huérfano, ni triste ni harapiento. Soy el niño más feliz. Ya mis lágrimas son de de amor y alegría, por Ella, por mi Madre del cielo. Caminar contigo es tocar el cielo con la mano; vivir junto a Ti es ya adelantar la gloria. Contigo los dolores se mitigan, las amargas lágrimas se detienen y el desierto vuelve a florecer. Mi desierto ha vuelto a florecer. Todo cambió desde aquel día, el día maravilloso en que te conocí, oh Madre. Yo no te conocía, primor de los valles. Ignoraba que existías, amor de mi vida. Pasé junto a valles hermosos y bellísimas flores y nunca imaginé que Tú tenías la luz y la belleza de los valles y las flores. Vida mía, amor mío, Vida, belleza y amor ensamblados. Eres una senda florecida que me ha conducido a Dios. Me enamoré de Ti primero para siempre, pero tu amor me llevó dulcemente, sin fatiga, hacia el Dios Amor. Tú me hiciste querer a ese ser infinitamente amable. Presentaste a mis ojos a un Dios Niño, ternura infinita, un encanto de Dios hecho niño por mí. La mujer que es amor llevando en sus brazos al Niño que es amor, porque es el Niño Dios. Oh Madre dulcísima, no quiero jamás separarme de Ti, no quiero jamás separarme del Dios.

que me has enseñado a querer; el mismo Dios que Tú amas tanto porque es tu Dios y es hijo de tus entrañas. Enséñame a amarlo con todo mi corazón.