miércoles, 23 de julio de 2008

El sentido ético de nuestra existencia

Por: Enrique Galván-Duque Tamborrel
“Los humanos tenemos un instinto ético
que está en la razón y que nos dice,
lo bueno y lo malo. Ese es el sentido ético.”

¿Por qué se necesita la ética en los medios de comunicación? La principal consecuencia de la ausencia de la ética sería vivir sin pensar y sin reflexionar. La ética es necesaria para encontrar el sentido a la vida y ese sentido se encuentra a través de la reflexión. Cuando reflexionamos sobre la conducta humana surge la reflexión. La falta de ética es la falta de reflexión, una persona sin ética vive de sentimientos y de visiones, no del uso de la razón. Al usar la razón comenzamos a preguntarnos sobre el sentido de la vida, lo que es bueno o malo, lo cual procesamos racionalmente y decidimos en consecuencia.
En la razón se encuentra el criterio que es el metro para medir la distancia, el valor fundamental es la vida. Así, en función de la vida entendemos qué es bueno y lo contrario, qué es malo. Como un niño que ve la TV. y ve un asesinato y pregunta por qué eso es malo, lo sabe. Lo mismo cuando él engaña, sabe que está mal, eso es un juicio ético, no se lo enseñaron lo sabe por naturaleza. Al niño que tratas mal en su cumpleaños, se siente lastimado: no lo quieren… ¿quién se lo dijo?... nadie.
Los humanos tenemos un instinto ético que está en la razón y que nos dice, lo bueno y lo malo. Ese es el sentido ético. Las cosas básicas se pueden entender, pero hay otras más complicadas que requieren un ejercicio de la razón, ¿y Dios existe? Se necesita una capacidad de reflexión más profunda, lo estudia la ética especializada, la de los profesionistas.
Por ejemplo un médico, que sabe que su misión es sanar (la salud está en función de la vida), sabe que profesionalmente si va en contra de eso está haciendo mal. O un periodista que no está diciendo la verdad y comunica un hecho falso como verdadero, en ese momento sabe que no está haciendo algo correcto. Esas valoraciones, son éticas. El hecho de decir “no me gusta”, es un sentimiento ético entre bien y mal aunque no sepa explicarlo.
¿Se puede perder ese instinto ético?, ¿Cuál es el camino correcto? Lo primero que hay que reforzar y entender es que es necesaria la preparación personal, tenemos que usar la razón y la reflexión. En la niñez se ha implantando un tipo de conducta, confiamos y observamos a nuestros padres, familia, maestros, sociedad; es decir, tenemos esa inocencia y asimilamos lo que hacen nuestros mayores y actuamos espontáneamente en esos valores que aprendimos y no los reflexionamos ni cuestionamos si estamos haciendo algo malo.
Es como cuando haces la digestión y algo no funciona bien, evitas seguir comiendo lo mismo. En el caso de la vida, cuando algo sale mal, también hay que reflexionar sobre nuestro modo de vida, porque tenemos dudas, dudas sobre quiénes nos rodean, en este momento es cuando el hombre puede tener miedo si sigue comportándose con los hábitos anteriores. El proceso racional es como “digerir” los alimentos sanamente. Normalmente escuchamos muchas opiniones y nos preguntamos, ¿cuál es la verdad? El asunto es que las opiniones son puntos de vista, por ello se necesita una investigación y profundización para buscar la verdad.
Si nos dejamos llevar por las costumbres y las tradiciones únicamente estamos perdidos. Tenemos que reflexionar, digerir, cuestionar y desechar lo que no nos sirve. Al igual que el estómago, la razón no siempre filtra bien, no asimila totalmente, y con ello la salud espiritual se afecta. El problema (o el camino correcto) se resuelve cuando reflexionamos, asimilamos lo bueno para nosotros y desechamos lo que no nos sirve.
¿Se puede contestar esta reflexión ética sin practicar una religión? Entender la religión es entender un conjunto de prácticas pero se pueden tener éstas prácticas toda la vida y no creer en Dios. Lo que existe en nosotros es un sentido de trascendencia y al cuestionarnos sobre esto le estamos dando sentido a la vida. Esas respuestas están en la naturaleza y en la inteligencia.
Es la inteligencia la que nos empuja a hacernos estas preguntas existenciales. Toda persona es religiosa y está en la naturaleza preguntarse sobre esta trascendencia. Con este ejercicio de nuestra inteligencia llega un momento que descubrimos que hay alguien más, la causa última de las cosas. Antes de plantearnos problemas religiosos nos planteamos estas interrogantes.
Si queremos saber más la inteligencia no alcanza, ahí llega el sentimiento religioso, investigas de la religión, quieres expresar ese conocimiento de Dios y surgen las prácticas religiosas. Si yo me hago una idea falsa de Dios, las prácticas de religión que haga tampoco serán las correctas, puede ser que tenga prácticas religiosas a un Dios que no existe. Se puede dar una religiosidad escatológica, sin conocer quién es realmente Dios.
Para los cristianos esto se ve muy claro en la vida de los apóstoles entorno a Jesucristo:
- Primero ven a Jesucristo y cómo actúa, descubren que no es un hombre.
- Surge el sentimiento de vinculación, religación, depositas tu confianza.
- Esa vinculación genera un afecto.
- Es en la Resurrección cuando se aclara todo. Demuestra su naturaleza divina.
- Es la autoridad de la fe. Un segundo conocimiento que la razón no alcanza.
- Uno confía como el niño, así es la fe en Jesucristo.
¿Qué le diría a quienes piensan “es mi ética”? Es un producto de la cultura actual, seguimos lo que nos proponen y pasamos muchos años asumiéndolo como norma, no somos capaces de hacer una valoración. Cuando comenzamos a razonar tenemos que “personalizar” las opiniones y lo filtrarlas con nuestra inteligencia. La opinión (“mi ética”) es una valoración sobre las cosas, pero no lo que las cosas son, eso es ciencia y las ciencias son más perfectas en tanto más certeza te dan de las cosas.
Por instinto razono y me doy cuenta de las cosas malas, que además, yo mismo hago.
¿Nos quedamos a nivel de opiniones y sentimientos? Esa es la razón psicológica por la que no somos éticos. Vivimos por instintos, emociones, opiniones, como los niños porque no filtramos las cosas por la razón y después está el influjo del contexto ambiental, y con una razón débil, las cosas me absorben.
¿Como se evita?, ejercitando la razón y profundizando todos los días. Hay que educar la inteligencia. De ahí viene la importancia de la formación filosófica, la lógica, donde se aprende a cómo usar la inteligencia.
¿Cómo describe la problemática de España, con tanto bienestar y falta de moral? El exceso de bienestar material, es un factor que impide el ejercicio de la razón, porque se crea la conciencia de autosuficiencia, la no necesidad de razonar. La tentación inmediata es pensar “ya lo tengo todo”, los que manejan el poder –económico o político- creen que tienen poder como Dios, todo se justifica para tener más en vez de ser más y para conseguir sus objetivos son capaces de todo, la utilización maquiavélica de la inteligencia, para conseguir el poder económico y el político.
Normalmente la gente más modesta, tiende a ser éticamente mejor. Esa es la gran pregunta de la civilización actual. Ha habido un desarrollo tecnológico y material impresionante y al mismo tiempo se ha deshumanizado el mundo. Es decir, la tecnología se desarrolla a través de la industria de la guerra y después se abre al mundo para que se utilice. De aquí la necesidad de crear conciencia de que estos problemas no tienen solución si no se usa la conciencia ética.
La tecnología y lo material sin conciencia ética es una perversión. Las generaciones que han creado ese desajuste se habrán muerto en unos años, por lo tanto la humanidad del presente tiene la responsabilidad de la humanidad del futuro…
¿Algunos consejos para los profesionales de los medios?
1. Hay que tener principios éticos sanos. La actitud de hacer las cosas lo mejor que se pueda y si cometemos errores hay que enmendarlos.
2. Para ser un buen profesional hay que tener principios éticos: sino lo hace, se está ganando su sueldo injustamente, no tiene derecho a alimentar a su familia con dinero ganando con mentiras:
a. Decir la verdad.
b. Defender los valores humanos.
c. Tener voluntad porque la buena intención no sirve si no se ejecuta.
¿Alguna conclusión sobre la ética? La humanidad es tan infeliz y desgraciada porque no sabe pensar, no sabe razonar, el uso de la razón es importante. La felicidad viene de saber usar la razón, da satisfacción corregir los errores, darte cuenta de que estabas equivocado y eso da mucha alegría. En este mundo hay un miedo a reconocer los errores: “Yo no me equivoco”. Pero cuando corriges un error a tiempo da más felicidad porque encuentras el camino correcto.
Buscar la verdad sin miedo a equivocarse y enmendar los errores como una experiencia personal es fundamental, pues estás en la oscuridad y encuentras la luz.

martes, 22 de julio de 2008

Una joya arrumbada

Por: Enrique Galván-Duque Tamborrel

Quien ha llegado a edad, ponga el sentido
en dejar que quien viene atrás mancebo
pase por el camino que ha venido.

Lope de Vega


Hablando muy en serio, los ancianos deben redescubrirse, porque hoy están solos y anquilosados en el umbral de la aniquilación. La obsesión de obtener únicamente la eficiencia que domina a la sociedad actual, inmersos esta en un mundo globalizado que carece de valores y con la única preocupación de hacer capital a l ritmo del Internet, ha dejado a los ancianos a la orilla del camino y los considera un problema, un estorbo.
Lo que sucede es que nadie se detiene a reflexionar sobre este asunto que es de vital importancia para la estabilidad de valores de la familia y por ende de la sociedad, considerando que aquella es la célula de ésta. En la actualidad los hijos tienden a despreciar y hasta sobajar a los abuelos, sin darse cuenta que son la real integración familiar, por ello las familias se están desintegrando.
Por avance de la ciencia, que es tan importante, tanto que ha contrarestado y superado a todos los males producto de la contaminación. Mientras, la sociedad que persigue el éxito a costa de lo que sea, y no digamos su beneficio, mantiene marginados a los ancianos considerándolos una carga.
Actualmente, y principalmente en donde los ritmos de vida son a la velocidad de Internet, predomina el factor eficiencia, mismo que provoca que los ancianos se encuentren solos, con la única meta de su aniquilamiento por la impotencia en la que se encuentran inmersos. Están arrinconados, como estorbosos triques viejos, abandonados, aunque sea que estén en familia, lo que hace más degradante el hecho.
Esta situación definitivamente degradante en que viven –si a esto se puede llamar vida-- no pocos ancianos, es necesario, ¡imprescindible!, revertirlo, transformándolo en un algo positivo para toda la sociedad. Los ancianos poseen por sí mismos valores inconmensurables que indiscutiblemente pueden significar una ayuda invaluable para que ésta pueda contemplar con esperanza el presente y el futuro, recordando aquello de que: como te veo me vi y como me ves te verás.
Los ancianos son actores principales de los ideales y valores de toda sociedad, situación que son norma de toda convivencia humana. Su experiencia –más sabe el diablo por viejo que por diablo-- les brinda la capacidad de comprender las más complejas vicisitudes de la vida, por su experiencia misma, a la vez que les permite vislumbrar y prevenir futuras causa por errores posibles, tan comunes en la sociedad actual, principalmente el los jóvenes que son muy dados a querer comerse al mundo sin medir sus pasos y consecuencias.
Los jóvenes, incluso, miran al anciano con admiración y confianza cuando en él reconocen un modelo a imitar y una persona prudente a la que consultar las cuestiones importantes de la vida. Esto sin importar lo viciosos e irresponsables que parezcan esas “tribus complejas” plagadas de los nuevos comportamientos juveniles.
Es imperiosamente necesario promover una educación cuyo objetivo sea, fundamentalmente, el respeto al anciano, y que sepa valorar sus potencialidades.
Los ancianos, bajo el lema: “Envejecer es el único medio de vivir más tiempo”, pero no sólo por vivir, sino para hacer acopio de toda la experiencia que la vida nos da y encaminarla a traspasarla a los que nos siguen. La vejez es un tiempo favorable en que las personas enriquecidas y maduras por la experiencia adquirida a través de la vida pueden rendir un amplio tributo a la misma retribuyéndosela en las la figura de su descendencia.
Todo esto nos debe hacer reflexionar en la importancia de procurar a los ancianos el debido respeto y la necesaria confianza que les permita expresarse, sintiéndose acogidos y amados; y no sólo “recogidos” y tolerados soberbiamente por los “buenos hijos”.

Los magnicidios en México

Por: Antero Duks


Si hacemos una relación de los magnicidios ocurridos en México durante el Siglo XX, tendríamos que empezar por el alevoso asesinato del presidente Francisco I. Madero y su vicepresidente José María Pino Suárez, el 22 de febrero de 1913. Este artero crimen impidió que Madero pudiera ver realizado su anhelo de democracia en nuestra Patria pues solamente pudo ser presidente durante quince meses.

Si bien es verdad, como han señalado injustamente críticos e historiadores, que careció de la suficiente energía para contener las pasionales ambiciones despertadas en muchos, pero no se dieron cuenta –o no quisieron darse cuenta-- que por no satisfacer ambiciones de grupos o personales –como la del embajador estadounidense Mr. Henry Lane Wilson– que querían parte del botín que quedaba de los casi treinta y tres años de “porfiriato”, sin embargo, Madero era presidente –este si Legítimo-- – de todos los mexicanos.
En este magnicidio quedó claro que el evidente autor intelectual fue el general Victoriano Huerta y sus paniaguados, --citados históricamente como “El Chacal” y sus esbirros—quien a pesar de sus ínfulas sólo pudo mantenerse en el poder diez y siete meses.
El acto cometido por “El Chacal” dio lugar al estallido de la parte cruenta de la Revolución Mexicana. Luchas entre facciones de los caciques y los caudillos revolucionarios que duró quince años, con el saldo de más de un millón de muertos.
Los crímenes estaban a la orden del día: Carranza, Zapata, Villa, Serrano y otros desfilaron hacia la sepultura como consecuencia de asesinatos planeados, hasta que le llegó el turno a Álvaro Obregón Salido, quien por su empeño de ver consolidada la Revolución y abrir el camino a la prosperidad lo llevaron a querer volver a tomar el mando. Este hecho llevó a muchos, que sentían lastimada su ambición de riquezas y canonjías, a acusarlo de que sólo lo llevaba la ambición por perpetuarse en el poder, al estilo Porfirio Díaz. Después de su primer cuatrienio, y siendo presidente “su aparente amigo” Plutarco Elías Calles, organizó su reelección presidencial, y después de triunfar, disfrazado de un aparente júbilo, lo traicionó, bueno, para ser honestos, no Don Plutarco en sí, sino sus paniaguados, a quienes no les convenía que Obregón volviera al poder que en esa época significaba la presidencia de la República
En una de esas expresiones de júbilo, en una comida efectuada el 17 de julio de 1928, en el Parque de la Bombilla, sito en San Angel, en el sur del Distrito Federal, fue abatido a balazos por el joven José de León Toral. Y claro, todo el proceso jurídico estuvo viciado, empezando por la existencia de dos actas de defunción. Todo esto manipulado por los callistas.
Cuentan que cuando llegó Calles a ver el cadáver de Obregón, iba acompañado por el Gral. Joaquín Amaro, quien era a la sazón Secretario de Guerra y Marina, Cholita su secretaria y el chofer. Cuentan que llegó muy serio, aparentemente apesadumbrado, no saludó a nadie. Llegó hasta a una pequeña recamara en que se encontraba el cadáver, se acercó y pudo apreciar el todavía sangrante cuerpo. Calles se acercó su rostro muy cerca del de Obregón y murmuró: “Querías ser presidente de nuevo, hijo de ….., pues no llegaste”. Verdad o mentira este relato, el caso es que dicen quienes estaban presentes que en el rostro de Calles se dibujó una sonrisa burlona, tan notoria que el Gral. Higinio Alvarez García, leal obregonista, sacó su pistola con intenciones de matarlo, actó que apaciguó inmediatamente la oportuna intervención del doctor y Gral. Enrique Osornio.
Posteriormente, el profesor Aurelio Manrique, apasionado obregonista por convicción, se acerca al General Calles y casi gritándole le dice: General, el obregonismo no ha muerto. -con o sin razón aquí se imputa el crimen a un miembro de su gobierno, a Morones--. Es necesario que se aclare esta situación… Mientras eso sucedía, tanto Morones, que era el Secretario de Industria y Comercio, había sido informado telefónicamente que el hijo del general Obregón, Humberto Obregón, había salido pistola en mano de su casa para ir en su busca.
En tanto ya se habían elaborado dos actas de defunción en las que había una sorprendente discordancia entre los seis balazos salidos de la pistola de León Toral y de las varias (13 a 19) perforaciones de proyectiles de diferentes calibres, unas por la espalda y otras por el pecho.
La duda prevaleció, y lo hace hasta la fecha, ¿Quién fue el autor intelectual del magnicidio?, así como ¿Cuántos fueron los gatilleros? Hasta la fecha ha prevalecido de que el gatillero fue sólo uno: León Toral, pero lo de la intelectualidad quedó realmente en aire, enredaron a muchos, pero la duda quedó.
Entre los obregonistas prevalecieron repartidas dos tesis, unos decían que fue Plutarco Elías Calles y otros que Morones. Sin embargo, la tesis más convincente finalmente fue que el autor intelectual fue el grupo que integraba la camarilla que cobijada bajo la sombra de don Plutarco.
La mencionada camarilla, de la que formaba parte, entre varios otros, Morones y Luís León --este turbio político que fue el autor del mote de “Jefe Máximo de la Revolución” con que distinguieron a Calles—fue la que a la larga se aprovechó de la Revolución. Primero Endiosaron a don Plutarco –que se dejó querer-- y a su sombra realizaron una serie de turbias maniobras para enriquecerse impunemente.
Ya estando Emilio Portes Gil en la presidencia, en calidad de interino, y claro que con la bendición del “Jefe Máximo”, a este se le ocurrió la idea –que se antoja magnífica dado el estado de las pugnas entre facciones que había por aquel entonces-- de formar el Partido Nacional Revolucionario (PNR). En ese momento vio luz primera la “Trinca Infernal” (PNR-PRM-PRI), la cual en vez de aprovechar el momento para crear un nuevo México, con otra mentalidad y cultura, lo llevaron --con su obsesión de mantener una hegemonía que se fue pudriendo más y más—a tirar a la basura siete largas décadas.
Cuando Lázaro Cárdenas del Río llegó a la presidencia, por obra y gracias de su mentor don Plutarco, envolvieron a aquel y traicionaron a este. Acusaron a Calles de traidor a la revolución, e intrigaron para que Lázaro mandara al exilio a su mentor, así como para que fuera corrido del PNR con la misma acusación. Gracias a que prevaleció en Lázaro algo de su sentimiento de lealtad no lo mató, como entonces se acostumbraba para eliminar al oponente, esto no agradó mucho a la camarilla traidora pero lo tuvieron que digerir para poder seguir medrando cobijados por el poder de “Trompudo”, como ellos mismos lo apodaron.
Para que se vea la “calidad” de la susodicha camarilla, cuando retornó don Plutarco a México, ya estando Manuel Avila Camacho en la silla presidencial, también retornó (la camarilla) a las alabanzas, lo reposicionaron con todos los honores en el PNR. Posteriormente, también con todos los honores, bautizaron al auditorio del partido con su nombre. Así se estilan las cosas en el “sagrado partido”.
Pasó el tiempo y se “institucionalizó la revolución”. En tiempos de Luis Echeverría sorprendieron los magnicidios de Eugenio Garza Sada en Monterrey y de Fernando Aranguren en Guadalajara. ¿Quiénes fueron los autores intelectuales de los crímenes y porqué los cometieron? Sigue pendiente la respuesta verdadera, aunque todo apunta de que fueron los integrantes del grupo subversivo “23 de septiembre”, del que formaba parte el hijo de Rosario Ibarra de Piedra, que tanto ha clamado por justicia para él, pero no para los que asesinó.
Por otra parte, el 30 de mayo de 1984, el asesinato del columnista Manuel Buendía Tellez Girón. ¿Quién fue el verdadero autor intelectual y por qué lo mataron? Consta que el autor material fue Juan Rafael Moro Ávila-Camacho y el director, José Antonio Zorrilla Pérez. Pero a este, ¿quién se lo ordenó?
Pasó el tiempo y llegamos al 24 de mayo de 1993, al magnicidio del Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, en Guadalajara. Han pasado quince años de investigaciones, contradicciones y mentiras, de ansias por cerrar el caso y de poner obstáculos por todas partes, sin medirse en calumnias, intentos de extorsión, siembra de falsos testigos y amenazas en contra los que legítimamente exigen la verdad. Unos y otros se avientan la bolita pero no se llega a nada.
Y para no olvidarlos, ahí quedaron los magnicidios de Luís Donaldo Colosio, el 23 de marzo de 1994, y el de José Francisco Ruiz Massieu, el 28 de septiembre de 1994. De cuyas investigaciones y versiones oficiales ha habido tantas falacias que sólo producen asco, claro que también incredulidad como en la de Obregón.

¡Así se estilan las cosas en nuestra muy amada Patria!

La pregunta queda en el aire: ¿Cambiaremos?

O nos quedamos con la versión negativa: “No se le puede pedir peras al olmo?


¿Izquierda Progresista?

Por: Enrique Galván-Duque Tamborrel

En una mañana de un bonito día, al calor de un sabroso desayuno, leía en un periódico los pleitos entre las cúpulas del PRD. Ahí hablaban de la Izquierda Unida, la Nueva Izquierda, la Izquierda Progresista y la Izquierda Conservadora, total que me enredé con tanta izquierda que hasta el brazo derecho me dolió.
Aunque en realidad nunca he entendido bien el verdadero –cada quien la interpreta como se le da la gana, según me ha dado cuenta-- significado de una y otra. Desde hace tiempo me ha llamado la atención la nombrada “Izquierda Progresista”. Yo siempre he entendido, además que lo he consultado y reconsultado en el diccionario, que progreso significa: acción de ir hacia delante, avance, adelanto, perfeccionamiento. De ahí que progresista es la persona que progresa, que va hacía adelante, que avanza, que va hacía adelante, que se perfecciona.
Pero resulta que los “izquierdo-progresistas” –cuando menos aquí en México-- más bien parece que hacen todo lo contrario. ¿Por qué lo digo?, pues porque todas sus acciones más bien tienden a causar caos y por ende a retrasar cualquier avance –lo que equivale a retroceder-- precisamente lo contrario a progresar.
Ellos pregonan que son la imagen pura del bienestar de la gente, y reflexionando en ello se llaga fácilmente a la conclusión de que no existe ningún mexicano, medianamente sensato, que no esté de acuerdo con esa tesis consistente en que 'Primero los Pobres'. ¡Seguro que primero los pobres! ¿Quién puede oponerse a semejante propósito político y social?
Quienes realmente queremos a este país deseamos elevar a la altura mínima exigida por la dignidad humana, a todos aquellos compatriotas que carecen de lo estrictamente indispensable.
Indiscutiblemente que queremos educación para todos, que queremos bienestar para toda la nación, que queremos un ingreso mínimo per cápita de 300 mil pesos al año para los mexicanos, que queremos apagar todas las mechas encendidas que no hacen sino atentar en contra de la estabilidad y del desarrollo en general del país. Solamente una mente enfermiza puede estar en contra de ellos.
Queremos aumentar el ingreso, pero a través de la productividad y no a través de decretos ya conocidos que disparan la inflación con todas sus consecuencias. ¿Quién no desea ayudar los indígenas de México? ¿Quién no desea alfabetizarlos? ¿Quién no desea contener la emigración de cientos de miles de mexicanos a los Estados Unidos? ¿Quién no quiere agua potable, televisión, estufas, piso de concreto y paredes de ladrillo en cada familia mexicana?
Creo que todos coincidimos en la necesidad inaplazable de rescatar a los marginados, pero para ello es totalmente incongruente las tomas de tribuna en el Congreso, los bloqueos de calles, los borlotes, etc. La única célula generadora de riqueza es la empresa y los empresarios, a los que por sistema les llaman hambreadores del pueblo o parásitos sociales, son los agentes operadores del bienestar. La práctica lo ha demostrado una y mil veces.
La inmensa mayoría de los mexicanos, con un gramo de sensatez, coincidimos con ese fin, pero también estamos concientes de que la única forma de lograrlo es con trabajo y más trabajo para generar la suficiente riqueza para crear empleos, esta y no otra es la herramienta verdaderamente eficaz para ayudar a los pobres.
Yo no vislumbro cómo se puede, con las ideas que pregonan la “izquierda progresista” pueda lograrse esos objetivos, muy al contrario, generarían más pobreza que ahondarían más la desigualdad imperante y nos llevaría a una pobreza generalizada. Además, para imponer esas ideas necesitarían irremediablemente acudir al uso de la dictadura, lo cual reduciría –por no decir se acabaría-- las libertades por las que tanto ha luchado el pueblo mexicano.
Nadie con un poco de inteligencia podría aceptar que las tesis económicas que pregona como panacea la “Izquierda progresista” ayudarán a la capitalización de las empresas ni estimularán la investigación tecnológica, ni ampliarán los mercados, ni estimularán la competitividad en el comercio internacional, ni abaratarán costos de producción, ni propondrán alternativas inteligentes para modificar el TLC, dando los pasos adelante necesarios para acercarnos, poco a poco, al esquema de una Comunidad Económica de Norteamérica.
La “izquierda progresista” se arroga el derecho a detener la inversión, sea ésta nacional o extranjera, por la que tanto hemos rogado. Y cabe la pregunta: ¿con que derecho ahuyentan –en vez de atraer-- a los capitales que vienen ayudarnos? ¿So pretexto de la tan cacareado pérdida de soberanía? ¡Vamos! Esa pérdida estaría a la vuelta de la esquina de aplicar los métodos que pregonan. ¿Evidencias? Aquí cerca tenemos uno: Cuba.
¿Cuáles son los métodos que aplica la “izquierda progresista”? Veamos: estimula el odio entre todos los mexicanos polarizando al país, crea trincheras con la única intención de dividirnos, estimulando con esto el flagelo que hemos sufrido por atávico mal de los mexicanos: la desunión.
¿Esta es la “izquierda progresista” por la que tanto escandalizan los Fernández Noroña, Leonel Cota, Alejandro Encinas, López Obrador, Pablo Gómez, Rosario Ibarra, Elena Poniatowska, etc. etc.….? Me niego a incluir entre este selecto grupo a gente como Porfirio Muños Ledo, Manuel Camacho Solís, Marcelo Ebrard, Arturo Núñez, entre otros similares, porque éstos ahora pueden portar el distintivo de la “izquierda progresista” y mañana la del PRI, o la de Convergencia, total que no son de aquí ni de allá.
¡Ah! pero ahí no para el asunto, hay que tratar de meterse a entender que son, o que pretenden, o cual es su mística, o lo que sea que haya que entender, de las izquierdas: unida, nueva, vieja y conservadora. Yo he tratado de hacerlo pero y0 de plano desistí, mi intelecto no llega a tanto. Varias veces recurrí a connotados analistas y/o comentaristas de la radio y televisión, les mandé varios mensajes pero ninguno se dignó contestarme, o cuando menos tratar el asunto en cualquiera de sus programas. El único que atendió mi petición, cosa que se lo agradecí oportunamente, fue Héctor Aguilar Camín, que en uno de sus programas semanales por el Canal 2 de Televisa, que se llamaba “Zona Abierta” –ya desapareció del aire-- trató el tema. Para tal objeto invitó a cuatro connotados intelectuales, dos supuestos izquierdistas y dos derechistas. Después de una hora de debate no se llegó a una definición definida, porque según ellos realmente no era actualmente posible.
Total que se queda en las mismas. ¡Ah! pero como les gusta alborotar el gallinero a los susodichos dizque izquierdo-progresistas. Mejor ahí la dejo.

viernes, 18 de julio de 2008

Temas socio-políticos

Por: Enrique Galván-Duque Tamborrel

La discriminación va contra la persona

Es innegable la individualidad de cada ser humano, tenemos una presencia cuyos límites son evidentes para nosotros mismos y para los demás. Además, nuestra riqueza incluye la pertenencia fraterna a la especie humana. De esto último hay evidencia pues nos asemejamos a las demás personas, pero, hay un aspecto profundo, a veces poco explorado y, por eso, desconocido, se trata de la unidad de la especie: nos necesitamos profundamente unos a otros, y nos enriquecemos gracias a las diferencias. Esto parece algo bello, producto de un momento de benevolencia hacia los demás, algo así como recitar una poesía propia de un sueño, imposible en la realidad.

Conviene ir por partes y reflexionar sobre algunas experiencias personales y grupales. Respecto a lo personal, todos hemos sentido la necesidad de aislarnos para descansar; para ordenar no sólo lo material sino también para detectar qué nos sucede y por qué son así nuestros sentimientos, nuestros pensamientos o nuestros cariños, por qué nos inclinamos a ciertas preferencias antes no detectadas; cuáles metas perseguimos; cómo nos vemos en el futuro; qué nos gusta y qué nos disgusta..., en fin, estamos en soledad pero sorprendámonos, nuestros pensamientos se conjugan en plural.

Como tenemos límites, nuestro plural por amplio que parezca, siempre es reducido. Aún siendo muy sociables no podemos tratar a todos o por falta de tiempo, por haber hecho compromisos previos y, sobre todo, por una tendencia natural a elegir, no todas las personas nos resultan igualmente atractivas y, desgraciadamente muchas nos pasan inadvertidas, nos inhiben o nos resultan antipáticas y las rechazamos.

En lo grupal se dan conductas semejantes a las personales, hay temporadas donde se promueve la inserción de otras personas para abrirnos a nuevos campos de relación, para tener otros enfoques porque se siente la necesidad de contar con puntos de vista variados y salir de lo reiterativo. Hay otros momentos en donde se quiere revisar los fines del grupo y comprobar si realmente se están logrando. Si el resultado es negativo solamente están los miembros fundadores para definir los medios necesarios para conseguir los propósitos, entonces no se requieren otras personas, son momentos de reserva hasta no asegurar el rumbo. Pero, tanto en los momentos de apertura como en los contrarios suelen aparecer tendencias selectivas y, cuando son viscerales resultan discriminatorias.

Sin embargo, cuando hablamos de discriminación, generalmente pensamos en las pugnas y recelos entre los pueblos, en las injusticias ante el modo de disfrutar los bienes de la tierra, por ejemplo, no dar visas a personas de un determinado país, o con escaso poder económico, o de una determinada religión. Se culpa a los gobiernos de semejantes injusticias y somos capaces de discutir muchas horas sobre el tema y proponer, en conversaciones de sobremesa, un sin número de soluciones. Para el terreno macro, que no corresponde a nuestras responsabilidades, inventamos muchos planes y, también, nos ensañamos en las críticas. Y, no somos capaces de aplicar esos proyectos a lo micro, a lo que sí nos corresponden. La manera común de reaccionar ante las grandes discriminaciones nos enseña que, en lo profundo de nuestra conciencia, todos nos damos cuenta de la perversidad de cualquier tipo de exclusión, aunque en la práctica muchas veces fallemos en este punto.

Discriminar es dar trato de inferioridad a una persona o a una colectividad por motivos raciales, políticos, religiosos, etcétera. De ahí que la discriminación segrega externamente, pero, la raíz de esa actitud está en el corazón de la persona, y cuando alguien discrimina ella se hace a sí misma una discriminada, porque se considera distinta y se enquista. En el fondo está desubicada pues reniega de su pertenencia a la familia humana, pretende de manera equívoca salvaguardar su dignidad y lo que realmente logra es confundirse con tal disposición.

Al discriminar nos estamos mutilando porque descartamos de manera absoluta a otra persona, le negamos cualquier género de bondad. Esto se debe a una manera muy injusta de ver a los semejantes, pues sólo nos fijamos en las limitaciones naturales, inseparables de cada uno, y las agrandamos, de esta manera, todo es limitación, y como no concedemos ninguna cualidad nos excluimos de su ayuda.

Hay muchos tipos de discriminación. En la escuela, cuando se juzga a un compañero de clase de incompetente, porque por una única vez, no preparó bien su tarea. En la familia, cuando por algunos rasgos hereditarios se descarta la viabilidad de un embarazo; con este criterio Beethoven no hubiera nacido, y sin embargo, tal vez se le ha negado la vida a quien ya hubiera descubierto el tratamiento definitivo contra el cáncer. En el trabajo, cuando se niega una plaza a alguien responsable y trabajador sólo por su timidez. En la vida de relación, cuando preferimos a quien usa ropa de marca y rechazamos a quien no la usa aunque sea leal y honesto.

La actitud antidiscriminatoria, con la cual nos enriquecemos, consiste en abrirnos a la diversidad, con auténtico respeto y con la seguridad de que de todos podemos aprender. Podemos asemejar a la familia humana con el cuerpo. Este consta de variados órganos, todos distintos y cada uno con su propia función, también distinta, pero benéfica para los demás. La humanidad cuenta con variadísimas personas, todas distintas, todas con su respectiva misión, pero todas en colaboración solidaria prestan un servicio indudable a las demás. El poeta pone letra a la melodía del músico; el médico logra la salud del enfermo; la madre vigila los primeros pasos de su hijo; el comunicador facilita la información y acentúa lo importante; el técnico pone a funcionar los aparatos...

Ahora que el mundo está mejor interconectado, las posibilidades de ayuda son enormes pues se han rebasado las fronteras, el espacio y el tiempo. Ojalá que con este futuro no nos encarcelemos ni encarcelemos a nadie.

Matrimonio ¿homosexual?

Lionel Jospin (ex primer ministro de Francia) declaro:

«En el momento de entablarse un debate público y político sobre el matrimonio homosexual -que lleva aparejada la cuestión de la adopción de niños-, deseo compartir con ustedes dos reflexiones. La primera se refiere a una auténtica libertad para debatir las cuestiones.
Porque hay que tener en cuenta que los tabúes, en todo caso en el seno de la izquierda, no se hallan tal vez donde se piensa.
Observo que se está esbozando una nueva tentación bienpensante, e incluso el temor de verse tachado de homófobo, que podrían impedirnos la conducción irreprochable y razonable del debate. Porque, pese a todo, es perfectamente factible reprobar y combatir la homofobia sin dejar de ser contrario al matrimonio homosexual, como es mi caso.
Mi postura -no tengo que reiterarlo- se acompaña de un total respeto a las decisiones concernientes a la vida amorosa y sexual de cada persona. Ahora bien, y dado que se habla de leyes, juzgo que el legislador, sin dejar de prestar atención a los deseos y aspiraciones -a menudo contradictorios- de los individuos, debe perseguir el interés de la sociedad en su conjunto. Por esta razón, es menester que el debate se desenvuelva sin incurrir en la intimidación ni la apelación a un “orden moral”, se trate del que se trate.
Ello me lleva a proceder a una segunda reflexión que se refiere a una dimensión que se suele desatender: el sentido y la importancia de las instituciones.
En efecto, en el debate que se ha entablado oigo hablar de deseos y aspiraciones, de rechazo de las discriminaciones, de derecho al niño -siendo así que debería anteponerse el derecho del niño- y de igualdad de derechos, como si el principio de igualdad de derechos debiera suprimir todas las diferencias. Sin embargo, he oído hablar escasamente de instituciones, pese a que se trata de la cuestión esencial.
Vivimos en una época en la que de forma permanente se subraya la crisis de las instituciones -el Estado, la escuela, las iglesias, la familia- y la pérdida de los puntos de referencia que ello plausiblemente comporta.
De hecho, la creación de las instituciones obedece a la necesidad de cimentar y reforzar las sociedades humanas. Se las puede defender, se las puede combatir -lo que constituye asimismo una forma de auto-estructurarse-, se las puede reformar. En cualquier caso, no creo que sea procedente negar su sentido y significación. El matrimonio es -en su origen y en tanto que institución- “la unión de un hombre y una mujer”.
Esta definición no obedece al azar. No remite, en primer lugar, a una inclinación sexual, sino a la dualidad de sexos que caracteriza nuestra existencia y que constituye la condición de la procreación y, en consecuencia, de la continuación de la humanidad. Por esta razón, la filiación de un niño se ha establecido siempre con relación a los dos sexos.
El género humano no se divide entre heterosexuales y homosexuales -en tal caso cabría consignar aquí una preferencia-, sino entre hombres y mujeres. En lo concerniente al niño, no se trata de un bien que pueda procurarse una pareja heterosexual u homosexual; es una persona nacida de la unión -sea cual fuere su modalidad- de un hombre y una mujer.
Y a esta realidad remiten el matrimonio y, asimismo, la adopción. El celibato, el concubinato y, en lo sucesivo, el pacto civil de solidaridad (PACS) -que mi Gobierno aprobó- pueden preferirse a los caracteres propios del matrimonio. Puede respetarse la preferencia amorosa de cada cual, sin de forma automática institucionalizar las costumbres. »

Discapacidad, todos los derechos... menos el primero.

El pasado diciembre la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad. Desde 1975 existía una Declaración de Derechos de 13 artículos, que cabía en dos páginas. La nueva tiene 50 artículos mucho más largos y complejos, destinados a prevenir toda discriminación negativa respecto al trabajo, salud, educación, acceso a la justicia, intimidad...

La idea directriz de la Convención es clara: "El objetivo de esta Convención es promover, proteger y garantizar el completo e igual disfrute de todos los derechos humanos y de las libertades fundamentales a todas las personas con discapacidad, y promover el respeto de su inherente dignidad" (art. 1). La discapacidad puede ser de origen físico, mental, intelectual o debido a problemas sensoriales, con lo que nadie queda excluido.

Dentro de los múltiples derechos que la Convención reconoce, el más básico y expresado con más claridad es el derecho a la vida: "Los Estados partes reafirman que cada ser humano tiene un derecho inherente a la vida y tomarán todas las medidas necesarias para garantizar que las personas con discapacidad puedan gozar de él efectivamente en los mismos términos que los demás" (art. 10).

Hay que felicitarse por esta creciente sensibilidad hacia los derechos de los discapacitados. Pero también hay que preguntarse si esta declaración de derechos es compatible con la mentalidad eugenésica que está llevando a privar del derecho a la vida a los discapacitados que se detectan en el seno materno. Cada vez más, el diagnóstico prenatal se utiliza por los padres como una criba para evitar que un ser humano con discapacidad llegue a ver la luz.

Un caso patente es la detección y eliminación de forma casi sistemática de los fetos con síndrome de Down o trisomía 21. En estos días se ha publicado en Francia un estudio de la dirección general del INSERM sobre el diagnóstico prenatal del síndrome de Down. "En general, Francia se caracteriza en relación con otros países por un política de detección muy activa de las anomalías congénitas", dice el informe. Tan activa que, en el caso de la trisomía 21, ese análisis se propuso a 630.000 mujeres para un total de 750.000 nacimientos. A partir de los resultados de esos análisis, se realizaron 36.000 amniocentesis, diagnóstico –no exento de peligros para el feto– que permite detectar la trisomía 21. Como no hay un registro nacional, no se sabe cuántos fetos afectados fueron eliminados.

Pero el estudio de los investigadores del INSERM se basa en los datos del registro parisino de malformaciones congénitas y sobre los 1.433 casos de nacidos con síndrome de Down registrados en un periodo de veinte años (1983-2002). Los investigadores han encontrado que estos nacimientos son dos veces más elevados en las mujeres sin profesión que en las mujeres de categorías profesionales superiores. Y concluyen que habría que evitar estas diferencias "sustanciales" que "resultan a menudo de una falta de información y de barreras de acceso al diagnóstico". Así que dan por supuesto que solo la ignorancia o la precariedad económica les ha impedido ejercer su derecho al control de calidad de su descendencia. Ese chico entrañable con síndrome de Down que el cine francés retrató en "El octavo día", tendría mucha probabilidad de no ser hoy aceptado en la frontera eugenésica.

Pero hay quien sabe y puede, y sin embargo acepta al hijo en camino. El estudio pone de relieve que, como media, el 5,5% de las mujeres que saben que esperan un hijo con síndrome de Down deciden llevar a término su embarazo. Ese porcentaje sube al 11% en el caso de las mujeres no empleadas y se sitúa en el 15-21% entre las mujeres de origen africano.

¿No será que la diferencia sustancial estriba en el valor que los distintos tipos de madres atribuyen a toda vida humana, también a la de los discapacitados? La nueva Convención de Naciones Unidas reconoce a los discapacitados, entre otros derechos sanitarios, el acceso a los servicios de "salud reproductiva", que en muchos países incluyen también el aborto. Y es irónico que una Convención destinada a proteger a los discapacitados incluya también unos servicios que acaban sirviendo para negar el derecho a la vida de las personas discapacitadas aún no nacidas.

El gran y terrible mal: Corrupción

Por: Enrique Galván-Duque Tamborrel

«La corrupción de lo que hay de mejor es la peor»
Querien Vangal

Ha llegado el día sobre este planeta en que los compromisos, las modificaciones y las revisiones tienen poca coincidencia con las soluciones concretas absolutamente necesarias para la creación de un mundo libre, un mundo sin prejuicios. Tales correcciones de un sistema anacrónico sólo prolongan una existencia desequilibrada, injusta y basada en la explotación humana. El capitalismo, con su énfasis en lo material, el lo sintético, en el supernatural, se ahoga cada día más en sus contradicciones inherentes, en sus corrupciones del espíritu humano. El socialismo, como sistema alternativo, ni ha solucionado los problemas de la humanidad, ni ha sido capaz de funcionar como sistema alternativo, debido a su posición de tener que enfrentarse con el mundo “del mercado libre”.
No vivimos en una época en que podamos evitar cuestiones fundamentales sobre el futuro desarrollo de nuestro planeta. Nuestros seres gritan de ansiedad; la falta de comunicación humana borra la compasión ; como seres humanos nos preguntamos cómo satisfacer nuestras necesidades existenciales; nos alejamos cada día más de nuestro estado natural; la enfermedad, la miseria, la sobrepoblación, el hambre, el pudrimiento, el miedo, nos amenazan en nuestro deseo de evadir como seres razonables. Poco a poco aprendemos: la paz individual no se logra sino con la paz colectiva.
La diversidad que encontramos en nuestro planeta nos llena con una apatía profunda. En lugar de intentar resolver los interminables problemas locales, raciales, nacionales, sociales, económicos, políticos, psicológicos, legales e internacionales, nos conformamos con la mezquina solución de nuestros propios egocentrismos. Serpenteados por un sendero ambiguo y difícil; un sendero sin cohesión, sin dirección, sin planificación, sin sentido. Nuestra meta parece ser la supervivencia; nuestros medios, los que sean.
De los individuos que se preocupan por crear un mundo sin prejuicios, la mayoría encuentra un obstaculismo tan agudamente desagradable que o se comprometen y entran a un sistema podrido, o deciden quedarse al margen de la sociedad. La puerta elitista, la puerta pesada de las clases adineradas, se cierra violentamente en las caras de los interesados en un cambio estructural radical dirigido hacia una vida cualitativamente más exuberante y cuantitativamente más exuberante y cuantitativamente más funcional. Todos quieren tener mucho dinero sin el mayor esfuerzo, con el único objeto de sentirse parte de ese elitismo.
Romper el carácter exclusivista de nuestras sociedades preindustriales, transicionales, industriales e imperialistas representa el trabajo singular de más trascendente importancia que pueda ocupar el esfuerzo de los que tengan una conciencia del poder destructivo del status quo. Los que negaron la posibilidad de esta destrucción hace 6 décadas, no lo pueden negar –si todavía viven-- en 2008. La falta de planificación ha creado demasiada presión de toda índole para que uno no prevea una crisis inminente.
La corrupción de hecho es de una inconmensurable complejidad, visto como sea, desde donde sea y donde sea. Podríamos asegurar, sin temor a equivocarnos, que es parte de la naturaleza humana, tal y como son otros males, vicios y hábitos que siempre estarán presentes mientras la humanidad exista, y que siempre estamos tratando, sino erradicarlos totalmente, si cuando menos bajarlos a un nivel tolerable y controlable. Este mal daña indefectiblemente a cualquier sociedad, y acaba por destruirla.
Para encontrarle la cuadratura a este flagelo en forma congruente es necesario:
1°. Hacer pensar a los ciudadanos en su propia cultura, en su desenvolvimiento personal y en su nivel de conciencia de los problemas políticos, étnicos y económicos de su sociedad y del mundo.
2°. Efectuar un esquema de definiciones y causas de la corrupción, mediante un análisis de los estudios actualmente existentes.
3°. Hacer un estudio y una interpretación del desarrollo de la corrupción en nuestro país, desde la época prehispánica hasta nuestros días.
4°. Analizar las soluciones históricas que se han efectuado en el mundo para eliminar la corrupción y postular sobre las posibilidades de llevar a cabo tales soluciones en nuestro ámbito.
A pesar de los problemas de investigación sobre la corrupción –la naturaleza secreta del fenómeno, la imposibilidad de llevar a cabo encuestas o entrevistas abiertas y francas, la falta de cualquier clase de cooperación gubernamental-- se ha analizado el proceso de corrupción desde casi todos los ángulos existentes dentro de la ciencia social. Los apologistas, los economistas, los moralistas, los sociólogos, los politólogos, los legalistas, los capitalistas, los antropólogos, los socialistas y hasta los mismos burócratas, todos han condenado, en menor o mayor grado, el fenómeno de la corrupción.
Tres autores –N. H. Leff, Samuel P. Huntington y Colin Leys-- señalan varias consecuencias positivas de la corrupción que incluyen:
1) la integración nacional de clases sociales antagónicas,
2) el fortalecimiento del sistema político por el proceso de amiguismo y nepotismo
3) la formación de capital por los corruptos que puede ser invertido en obras o industrias de infraestructura. Estas observaciones, débilmente argumentadas y dependientes de estructuras político económicas particulares, no son tomadas muy en serio ni por sus propios generadores.
En general, las investigaciones sobre la corrupción ven el proceso con ojos condenatorios.

lunes, 9 de junio de 2008

En la inmensidad incomensurable

Por: Enrique Galván-Duque Tamborrel

«En el universo, todo está hecho lo mejor posible,
no sólo para el bien general, sino para el mayor
bien particular de aquellos que están persuadidos
de esta verdad y satusfechos del régimen divino»
Querien Vangal
I.- Un asteroide extinguió la vida

Se cree que un enorme meteorito impactó contra la Tierra hace unos 65 millones de años, en la región de la Península de Yucatán, en México, extinguiendo a los dinosaurios y la mayoría de los seres vivos. Y algunos objetos celestes de tamaño considerable no nos han alcanzado por cuestión de horas.
Infinidad de meteoritos chocan contra nuestro planeta cada día, pero muy pocos alcanzan el volumen suficiente para llegar a la superficie, sobreviviendo a la fricción con la atmósfera, que los quema y desintegra, formando destellos o "estrellas fugaces".
Se piensa que el cinturón de asteroides, situado entre las órbitas de Marte y Júpiter, constituye los restos de un mundo desintegrado por un colosal impacto, mientras que algunos planetas y sus lunas muestran las huellas de las colisiones.
Los cráteres de Arizona, en EE. UU. y los de la superficie lunar, atestiguan la frecuencia y poder destructivo de los impactos espaciales, que equivalen a la detonación simultánea de miles de bombas atómicas y pueden pulverizar o deformar otros cuerpos.
En 1911, cayó del cielo en Nakhla, Egipto, una roca del tamaño de una naranja, que mató a un perro y fue el primero de una serie de meteoritos sumamente raros, que han sido hallados en puntos terrestres muy distantes y al parecer se han desprendido de Marte, debido al choque de un gran asteroide contra el Planeta Rojo.
Una de las últimas "salpicaduras" de Marte la descubrió en 1991, en la Antártida , la expedición norteamericana Ansmet, de la que formaba parte el geólogo planetario español Francisco Anguita, de la Universidad Complutense de Madrid.
Según Anguita se cree que estas rocas, llamadas nakhlitas, shergottitas y chassignitas, son marcianas porque tienen un gran parecido químico con las analizadas por la sonda Viking, que visitó Marte, en 1979, y habrían llegado a la Tierra , después de vagar miles o millones de años por el sistema solar.

II.- Impactos profundos

Los cometas, asteroides, nubes y otras formas de materia cósmica se desplazan por el vacío a velocidades colosales, atraviesan las órbitas de los mundos y sus lunas, y se entrecruzan produciendo carambolas espaciales. Algunos planetas se han formado y giran debido a esas colisiones, algunas de las cuales han desprendido pequeños trozos de Marte que han llegado hasta nosotros.
¿Qué tienen en común las gigantescas nubes interestelares de gas y polvo que vagan por el espacio con los cometas de hielo y roca que provienen de los confines de nuestro Sistema Solar? Ambas formaciones pueden haber chocado o colisionar en el futuro con nuestro planeta, y son ejemplos de las múltiples carambolas que se producen entre los distintos cuerpos y estructuras del cosmos.
Es posible que hace cientos de millones de años gigantescas nubes espaciales provocaran extinciones masivas en nuestro mundo o hayan causado el fenómeno de “Tierra Bola de Nieve”, unos períodos glaciales muy severos en los que las tierras emergidas y probablemente los océanos estaban totalmente cubiertos de hielo, según dos informes financiados por la NASA.
Según uno de los informes publicados en la revista Geophysical Research Letters, la Tierra se cubrió de hielo después de que el sistema solar atravesara unas densas nubes espaciales.
Según el otro trabajo, unas gigantescas nubes moleculares menos densas pudieron haber causado la destrucción de buena parte de la protectora capa de ozono del planeta, lo cual extinguió la vida.
Consecuencias igual de catastróficas podría tener la colisión de nuestro planeta con alguno de los cientos de cometas invisibles que deambulan por el sistema solar, y que es más probable de lo que se creía, de acuerdo a las últimas investigaciones.
Los astrónomos piensan que muchos de estos cometas proceden de la Nube de Oort, una formación situada mucho más allá de las órbitas de los planetas más lejanos y constituida por los escombros del Sistema Solar, al cual parece envolver como si fuera una especie de globo, si bien nunca ha sido observada.

III.- Cometas fabricados por una nube

Un modelo matemático desarrollado en el Observatorio Armagh, en Irlanda sugiere que esta Nube produce muchos más cometas de lo que se creía, quizá unos 30 al año, lo cual aumenta el riesgo de que uno de estos cuerpos celestes colisione con la Tierra.
En la nube de Oort pueden existir miles de millones de objetos helados situados a 100.000 veces la distancia entre la Tierra y el Sol, de los cuales puede haber unos 3.000 en órbitas “alteradas”: 400 veces más de los que se han podido observar hasta ahora.
Por el sistema solar pululan esos “cometas invisibles”, masas de hielo, polvo y rocas que vagan por el espacio y podrían chocar con la Tierra sin previo aviso, advierten algunos astrónomos.
Los planetas, cometas, asteroides e infinidad de objetos celestes de todos los tamaños, composiciones y formas, viajan por el sistema solar, chocando, modificando su rumbo o destruyéndose, en una enloquecida carambola cósmica, que llega hasta nosotros.
La rotación y formación de la Tierra y los planetas vecinos Mercurio, Venus y Marte, podrían deberse a grandes colisiones de cuerpos celestes durante la formación del sistema solar, según una teoría defendida por los astrónomos Scott Tremaine, de la Universidad de Toronto, en Canadá, y Luke Dones, del Centro Ames, de la NASA , en California, EE.UU.
Tremaine opina que el impacto que originó la rotación terrestre también originó su satélite, la Luna , y Dones cree que las rápidas rotaciones de la Tierra y Marte, de unos 1.600 kilómetros por hora, a la altura del Ecuador, se deben a una serie de impactos en su última fase de formación como planetas.
Las "carambolas" que originaron los planetas sucedieron durante la formación del sistema solar, surgido de un gigantesco y giratorio disco de polvo y gas, hace unos 4.500 millones de años.