sábado, 5 de enero de 2008

¿Sacrificio o genocidio?

Por: Enrique Galván-Duque Tamborrel


Las personas que pacifican su vida en aras de una guerra que ellos consideran santa, resulta un acto que rebasa totalmente el entendimiento racional. Es claro que, como siempre sucede, para los unos ---los islamitas--- son héroes, para los otros ---el resto del mundo--- son asesinos; pero el nombre ya se convirtió en común, tanto para los unos como para los otros: KAMIKAZES.

La palabra kamikaze deriva del vocablo japonés kami, que significa o representa la parte superior de cualquier cosa. Los pilotos japoneses de la segunda guerra mundial, al mando de sus célebres aviones caza denominados “Zero”, se volvieron famosos por sus ataques suicidas contra los buques de guerra norteamericanos en el Pacífico. Aquellos jóvenes pilotos, eran conscientes de que estaban cumpliendo con una alta misión de guerra cuando despegaban de las pistas japonesas rumbo a la muerte, pues el suyo era un viaje sin retorno. Cuando avistaban los barcos del enemigo atacaban con decisión, primero arrojaban todos sus proyectiles y, una vez que se les agotaban, volvían sus propios aviones contra la nave que habían elegido como blanco y se estrellaban contra de ella. Sabían que mientras más daño inflingieran al enemigo más glorioso sería su sacrificio, que ellos consideraban una hazaña. Claro que para los norteamericanos fue una verdadera pesadilla.

El gesto de los pilotos japoneses impresionó tanto la sensibilidad occidental, que el término Kamikaze, desde entonces, ha venido a formar parte de nuestro lenguaje. Hoy se denomina un kamikaze al que lleva a cabo una acción suicida matando al mismo tiempo a otros inocentes.

Un elevado porcentaje de la opinión pública enjuicia las cosas de manera bastante superficial, basándose, como es obvio, principalmente en lo que divulgan los medios masivos de información. Esto tiene consecuencias importantes, pues al renunciar a hacer uso de la propia inteligencia para leer dentro de las cosas y de los sucesos, entonces se genera la confusión de las ideas que se expande como plaga por el mundo. Un ejemplo, que se vive de hecho cotidianamente en todo el orbe, es el modo equivoco e inapropiado con que muchos periodistas, sociólogos, políticos, analistas, etc. llaman “mártires” a los militantes islámicos, los kamikases que forrados de explosivos siembran la muerte y el horror a lo largo y ancho del mundo.

La simpleza y superficialidad con que se les denomina “mártires” del Islam, hace que muchos piensen que el suicida, el kamikaze, sea llanamente equiparable con el mártir cristiano, lo cual está total y absolutamente apartado de la realidad. Entre los mártires cristianos y kamikases musulmanes no existe analogía ni identidad posible; usar el mismo término indistintamente es un lamentable equívoco del lenguaje que genera la confusión y el empobrecimiento de las ideas.


Resulta una equivocación garrafal llamar mártir al musulmán que se suicida haciéndose explotar y matando inocentes consigo, del mismo modo como se llama al mártir cristiano que ofrece su vida en un gesto de amor y perdonando a sus verdugos. ¡No!, no hay analogía posible entre uno y otro, pues se trata de realidades opuestas, ¡un suicida no es un mártir! No le demos vuelta al asunto, a las cosas hay que llamarlas por su nombre, “al pan, pan y al vino, vino”; no les llamemos entonces, mártires sino lo que son en verdad: asesinos suicidas. Yo me atrevería a llamarlos “genocidas suicidas”, pues de hecho van contra todos los seres humanos que no comulgan con ellos.

El mártir cristiano es un imitador de Jesucristo, quien enseñó con su palabra y con su ejemplo el modo más elevado del amor: “Nadie tiene un amor más grande que aquel que da la vida por el amigo”. El motivo del mártir cristiano es el amor, pues toma como modelo a Cristo que ofrece su vida por la salvación de la humanidad.

El suicidio o kamikaze ---asea musulmán o no--- decide morir porque piensa que su inmolación representa un bien para su causa y un gesto heroico digno de imitar por otros seguidores. Es cierto que se puede inspirar en motivos culturales y políticos, como el ideal de una patria libre, pero en el fondo actúa movido por un odio profundo e impecable contra el los que no piensen como él, de ahí que no piensa en sacrificarse solo sino que arrastra a otros seres inocentes, sin distinción de condición, genero y edad. El kamikaze musulmán está en la creencia de que su sacrificio será compensado con un paraíso de placeres y un harem de doncellas. Esto es un error obtuso que está fijo en la mentalidad del combatiente musulmán, porque actúa bajo dictámenes de la Yihad o guerra santa para ellos. Sólo habría que preguntarse acerca de la recompensa que según esto recibirán las mujeres musulmanas que se han inmolado: ¿será la misma que para los varones?

El mártir cristiano se sitúa en un plano completamente distinto. No se mata ni mata a nadie, sino que acepta libremente perder la vida para mantenerse fiel a Jesucristo. Su gesto le convierte en “testigo” (es el significado de mártir) del amor más grande, no del odio que destruye, pues Cristo predicó ---con el ejemplo--- también amar a los enemigos.

El kamikaze inspira su gesto fatal en la ley del talión (ojo por ojo y diente por diente), y se cree justificado a emplear la violencia salvaje contra inocentes para aterrar y desesperar al enemigo de su causa. Su causa está inspirada por el odio, el mártir cristiano inspira su acción en el amor, y tiene la certeza de que su sangre generosa sirve para fortalecer la fe de sus hermanos. “La sangre de los mártires es semilla de vida cristiana” fue la frase con la que Tertuliano ---Nació y murió en Cartago (155-222 D. J.C.); pagano convertido, ejerció un verdadero magisterio doctrinal en el N. de África, autor de Apologética y Contra Marción, su ascetismo lo hizo desviarse hacia el montanismo; padre de la Iglesia de Occidente y primer escritor cristiano en lengua latina, tuvo una gran influencia en la formación de la lengua teológica latina--- los dejó condensado. Al mártir le quitan la vida, mientras que el kamikaze muere asesinando inocentes. El mártir muere perdonando a sus perseguidores; el kamikaze muere odiando a quienes acusa de opresores. El kamikaze deja un mensaje de venganza, de odio y desesperación; una espiral de violencia que genera más violencia. El mártir cristiano deja un mensaje de amor, de misericordia, de reconciliación y de perdón.

Solamente el amor y el perdón ---nunca el odio--- pueden mejorar el mundo. Los mártires cristianos son una expresión de este amor más grande, a imitación de Jesucristo, el rey de los mártires.



Conozcamos al cerebro

Por: Enrique Galván-Duque Tamborrel


Los pequeños olvidos que comenzamos a padecer después de determinada edad no nos llegan a afectar nuestra vida pero si nos producen ansiedad.

Con terror pensamos que el cerebro empieza a convertirse en gelatina y nos preocupa quedar como la Tía Anastasia, que recuerda con lujo de detallestodo acerca de su niñez en su pueblo, pero no puede acordarse de lo qué hizo ayer o esta misma mañana.

Si esto te suena familiar, no te preocupes, hay esperanza.....Existen muchos mitos en los que las personas equivocadamente relacionamos la edadcon la falta de memoria.

Los neurocientíficos han comprobado que no necesariamente tiene que ser así, que las células se regeneran en el cerebro de los adultos y que, al contrario de lo que se pensaba, la pérdida de memoria no se debe a la edad o a que las neuronas se mueran, sino a la reducción en número y complejidad de las dendritas (ramas de las neuronas)[1] que, a través de la sinapsis[2], reciben y procesan la información de otras células nerviosas.

Esto sucede por una sencilla razón: falta de uso. Es muy sencillo así como se atrofia un músculo sin uso, las dendritas también se atrofian si no se conectancon frecuencia, y la habilidad del cerebro para procesar nueva información se reduce.Es cierto, el ejercicio ayuda mucho a alertar la mente; también hay vitaminas y medicinas que aumentan la transmisión sináptica y fortalecen la memoria, sinembargo, nada como hacer que nuestro cerebro fabrique su propio alimento: las neurotrofinas.

Las neurotrofinas son moléculas que producen y secretan las células nerviosas, y actúan como alimento para mantenerse saludables tanto aellas como a las sinapsis. Cuanto más activas estén las células del cerebro, mayor cantidad de neurotrofinas producen; esto genera más conexionesentre las distintas áreas del cerebro.

¿Entonces qué debemos hacer?

Lo que necesitamos es hacer pilates con las neuronas: estirarlas, sorprenderlas, sacarlas de su rutina y presentarles novedades inesperadas y divertidas través de las emociones, del olfato, la vista, el tacto, el gusto y el oído.Además, retarlas con crucigramas, juegos como rompecabezas o ajedrez, etc. ¿El resultado? El cerebro se vuelve más flexible, más ágil, y su capacidad dememoria aumenta.

Al leer esto, casi seguro probablemente pienses: Yo leo, trabajo, hago ejercicio y mil cosas más durante el día, así que mi mente debe estar muy estimulada.Pero la verdad es que la vida de la mayoría de nosotros se lleva a cabo dentro de una serie de rutinas.

Piensa en tu día o semana promedio.... ¿Qué tan diferente es tu rutina de la mañana, tu ruta hacia el trabajo, la hora en la que comes o regresas a la casa?¿El tiempo que pasas en el auto? ¿El tiempo y los programas que ves en televisión? las actividades rutinarias son inconscientes, hacen que el cerebrofuncione en piloto automático; requieren un mínimo de energía y las experiencias pasan por las mismas carreteras neuronales ya formadas tiempo atrás. No hay producción de neurotrofinas.

Algunos ejemplos de ejercicios que expanden substancialmente las dentritas son:
1. Bañarse con los ojos cerrados.

Sólo con el tacto, localiza las llaves de agua, ajusta la temperatura del agua, busca el jabón, o el shampoo... Verás cómo tus manos notarán texturas quenunca antes habías percibido.

2. Usar la mano no dominante.

Come, escribe, abre la pasta dental, lávate los dientes, abre el cajón con la mano que más trabajo te cueste usar. Péinate, báñate, píntate, aféitate y lava los dientes con tu mano no dominante.

3. Lee en voz alta.

Se activan distintos circuitos que los que usas para leer en silencio.

4. Cambia tus rutas.

Toma diferentes rutas para ir al trabajo, a tu casa.

5. Cambia tus rutinas.

Haz cosas diferentes. Fuérzate a salir, conocer y charlar con personas de diferentes edades, trabajos e ideologías. Experimenta lo inesperado. Usa las escaleras en lugar del ascensor, sal al campo, camínalo, huélelo.

6. Cambia las cosas de lugar.

Al saber dónde está todo, el cerebro ya construyó un mapa. Por ejemplo, cambia el lugar del pote de la basura; verás la cantidad de veces que tirarás el papel al viejo lugar.

7. Aprende algo nuevo.

Cualquier cosa puede servir, aprende fotografía, cocina, yoga, estudia un nuevo idioma. Si te gusta, arma rompecabezas, tápate un ojo para que pierdas la percepción de la profundidad, por lo que el cerebro tendrá que confiar en otras vías.

8. Identifica las monedas.

Pon en tu coche una taza con varias monedas diferentes y tenlas a la mano para que, mientras estás esperando en el semáforo, con los dedos trates de identificar la denominación de cada una.

9.- Cambia el mouse de la computadora al lado contrario de donde lo usas comúnmente.
¿Por qué no abrir la mente y probar estos ejercicios tan sencillos que, de acuerdo a los estudios de Neurobiología del Duke University Medical Center,amplían nuestra memoria?

Y si tenemos suerte y funcionan, nunca más volveremos a preguntarnos:

¿Dónde dejé las llaves? ó ¿Dónde dejé los lentes?

Interesante ¿verdad?

Pásalo a tus amigos te lo agradecerán!!!!!!





[1] Prolongación ramificada de una célula nerviosa, mediante la que esta recibe estímulos externos.
[2] Relación funcional de contacto entre las terminaciones de las células nerviosas.

viernes, 4 de enero de 2008

Una lógica y razonada cultura

Por: Querien Vangal

Gran parte de las fiestas que celebramos (el día de los fieles difuntos y todos los santos, la Navidad, san Valentín, la Pascua, la Semana Santa…) tienen un claro origen religioso. Cuando, hace años, muchos pueblos entraron en contacto con el cristianismo, tomaron conciencia de la verdad y significado que estaba detrás de cada conmemoración de esta religión. Con esa convicción, el hombre de distintas épocas fue buscando una expresión para manifestar esa riqueza. Lo hizo y lo ha seguido haciendo a través de la literatura, la danza, la pintura, la escultura, la música, la arquitectura, etc. Fue así como nació y se desarrolló, dentro de los distintos matices geográficos, lingüísticos e históricos particulares de cada pueblo, la cultura cristiana que llega hasta nuestros días.

Hoy por hoy somos testigos del vacío de significados al que se está sometiendo nuestra cultura cuando, directa o indirectamente, se tergiversan y confunden las fiestas religiosas añadiéndoles elementos del todo ajenos o suprimiendo la realidad última que conmemoran. Y podría parecer un detalle sin importancia pero tan grave es que podemos llegar a perder la propia conciencia histórica y la identidad cultural como pueblo. Algo así como perder la memoria en medio de un mar de personas a las que les ha sucedido lo mismo; y asimismo, del dónde vamos y de dónde venimos.

La cultura es el conjunto de las manifestaciones en que se expresa la vida tradicional de un pueblo. Parte de esas manifestaciones son las fiestas religiosas. Ante la cultura sólo caben dos posturas: la de los que van contra ella o la de los que la promueven.

Se va contra la cultura cuando se cae en laicismo, reduccionismo, sincretismo o consumismo.

Se cae en laicismo cuando en nombre de la aconfesionalidad del Estado y el “respeto” a los demás credos, se suprime el Belén o Nacimiento en las escuelas públicas (donde la mayoría de los alumnos son católicos), se habla de “fiestas de invierno” en lugar de Navidad, se prohíben las felicitaciones con referencia explícita a la Navidad o se cambian por imágenes de montañas nevadas y monos de nieve las portadas de las tarjetas o adornos que hasta hace poco tenían alusiones abiertas en relación al Niño Dios, a la Virgen o a los Reyes Magos.

Se cae en reduccionismo cuando se atenta contra la cultura al desacralizar las fiestas como el día de todos los santos y fieles difuntos, al ir introduciendo elementos paganos como disfraces, calabazas, etc., que ninguna relación tienen con ella; o la Navidad, cuando se da el protagonismo indebido a “Santa Claus” llegando, en algunas partes, a sustituirlo por Aquel por quien tiene sentido la Navidad misma.

Se cae en sincretismo cuando a las fiestas cristianas, configurantes de la cultura, se les añaden matices de otras religiones como buscando su fusión; es sincretismo buscar, en la doctrina de otras religiones, una explicación al misterio cristiano logrando el desconcierto más que la verdad.

Se cae en consumismo cuando se reduce la cultura a objeto de consumo; es lucrar con ella despojándola de sentido y condicionándola a la ley de la oferta y la demanda. Ahí está, por ejemplo, san Valentín (14 de febrero) en el que no importa la memoria del santo ni siquiera el amor sino cómo y con cuánto se “manifiesta” ese “amor”.

Promover la cultura es conocer los orígenes de ella, profundizar en ellos, defenderlos y transmitirlos. ¿Pero es que también la puede conocer, profundizar y defender un no creyente o un ser humano de otra religión? Sí. Y es que promover la cultura, con las implicaciones religiosas que conlleva, no es sinónimo de creer o comulgar con ella sino valorar lo mucho que el cristianismo ha aportado a la vida de todos los hombres sin distinción.

Gracias al factor religioso católico nuestra cultura no es cualquier “cultura” sino una cultura rica y madura gracias precisamente a ese elemento. Por el legado cristiano la esclavitud desapareció, la moral llegó a la vida de todos los seres humanos, la mujer fue dignificada y se salvó la herencia clásica; bajo el cobijo del papado nacieron las universidades, se desarrolló la doctrina de los derechos humanos, se pusieron las bases de la democracia moderna y se aportaron importantes avances en materia científica, filosófica, teológica y de muchas otras ciencias y artes.

La Navidad, por ejemplo, es el acontecimiento que cambió la historia y eso es innegable. No hay ningún otro evento que de tal modo lo haya hecho. Tan es así que a partir del nacimiento de Jesucristo (si bien hay algunas imprecisiones al momento de determinar el tiempo exacto del natalicio) contamos los años.

Conocer los orígenes no es sólo ir a la búsqueda histórica de los inicios festivos de las celebraciones sino indagar en todo lo que conllevan de significados. Profundizar en ellos es tratar de “penetrar” el misterio de la relación de Dios con los hombres, su amor por cada ser humano, su encarnación, vida, muerte y resurrección, hasta convertir la búsqueda en oración.

Defenderla es reconocer lo mucho que de bueno hay en ella, es valorar lo que ha hecho por el progreso de la humanidad; transmitirla es procurar que muchas generaciones más la conozcan pero con la debida pureza, sin manchas, íntegra. Y para eso no debemos permitir que las fiestas religiosas, vehículos de la cultura, sean adulteradas.

Tampoco podemos permitir que se invoque la aconfesionalidad del Estado para que sean sofocadas. Si el Estado no tiene religión propia es porque tiene el deber de proteger a todas las religiones, empezando por la mayoritaria, que libremente quieren profesar y vivir sus ciudadanos. La obligación del Estado aconfesional es respetar y apoyar las manifestaciones religiosas de los ciudadanos; más todavía cuando esas manifestaciones no atentan contra la dignidad humana sino que la ayudan y hacen al hombre ser más hombre.

Si de verdad queremos defender la cultura, debemos velar para que las fiestas religiosas no se transformen en ocasiones para el consumo sin más; en “fiestas comerciales”. Permitirlo sería renunciar al legado cultural que llevan consigo.

La cultura en un pueblo es como la harina en un pastel, el agua en un caldo o la grenetina en una gelatina. Sin harina no hay pastel, sin agua no hay caldo y sin grenetina no hay gelatina. No se puede vaciar de contenido a las fiestas religiosas porque son parte constitutiva de la cultura. Permitirlo o hacerlo, es el primer paso para enterrar a la sociedad. Sin cultura, sin nuestra cultura, subestimamos quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos.

Lluvias y calentamiento global

Fuente: Yoinfluyo.com
Autor: Ricardo Medina

«La mejor base de datos sobre precipitaciones pluviales disponible en el mundo NO permite inferir que el llamado calentamiento global haya incrementado las lluvias. Por lo pronto, se sabe que de unos años a la fecha, ha llovido un poco más en el océano, pero un poco menos en tierra».

Un periodista “serio” escribió ayer respecto del desastre en Tabasco: “…con el proceso de calentamiento global, las inundaciones y los huracanes se van a hacer más comunes en distintos lugares de nuestro país”.

¿Cómo lo sabe? Tal vez por ciencia infusa, porque después de muchos e intensos huracanes (2005), hemos tenido dos años consecutivos (2006 y 2007) de muy escasos huracanes en el golfo de México y en el Atlántico Norte, lo cual echa por tierra el vaticinio que hizo Al Gore -en su célebre cortometraje- acerca de la creciente intensificación de los huracanes por el calentamiento global.

Además, la base de datos más completa y confiable sobre variaciones en las precipitaciones pluviales en el mundo -la del Global Precipitation Climatology Project (GPCP)- que abarca 27 años (de 1979 a 2005, inclusive) combinando varias fuentes de información (Sensor Especial de Imágenes de Microondas -SSM/I por sus siglas en inglés-, estimaciones de precipitación pluvial por rayos infrarrojos a partir de satélites en órbita y mediciones en la superficie) revela para los trópicos (25° S- 25° N):

1) Un incremento lineal de la lluvia en los océanos de 5.5% para todo el periodo, y un decremento lineal de la lluvia en tierra de 1%, con un cambio cercano a cero en la precipitación global en el planeta.

2) Que los indicios de mayores precipitaciones pluviales en los océanos no son concluyentes, aunque tampoco desmienten “las ideas de una alteración en los ciclos hidrológicos atribuibles a un calentamiento del ambiente”. Ver “Tropical Rainfall Variability on Interannual-to-Interdecadal and Longer Time Scales Derived from the GPCP Monthly Product”, Adler, Robert F <ver aqui...>; Curtis, Scott <ver aqui...>; Huffman, George J <ver aqui...>; Gu, Guojun <ver aquí...>, agosto 1 de 2007 en “Journal of Climate”.”.

Lo cierto es que, aún aceptando la hipótesis del calentamiento global, éste habría disminuido -apenas 1% en 27 años- las precipitaciones pluviales en tierra, NO las habría incrementado.

Para la base de datos ver en el sitio de la NASA: http://precip.gsfc.nasa.gov/index.html

Nota (por si las dudas): Tabasco está en tierra, no en el océano.

jueves, 3 de enero de 2008

Pena de muerte

Por: Enrique Galván-Duque Tamborrel

“Señor general, ya hay bastantes mujeres que lloran en los Estados Unidos.
No me pida usted que aumente todavía sunúmero, pues no lo haré”
Abraham Lincoln

Desde 1976, año en que se volvió a implementar la pena capital en Estados Unidos, las autoridades de ese país han liberado a 117 reos del pabellón de la muerte porque descubrieron a tiempo que eran inocentes.

Juan Roberto Meléndez es uno de ellos. Este hombre de origen puertorriqueño fue sentenciado a morir por un crimen que no cometió. Tras pasar 18 años en prisión, las autoridades de Florida se percataron que habían cometido un error y le devolvieron su libertad.

Pese a que nadie le compensará por los años que pasó preso injustamente, Meléndez se congratula de que al menos pudo salvar la vida, algo que muchos otros no han logrado. Para luchar contra esta injusticia, hoy en día este hombre dedica gran parte de su tiempo a recorrer el país para crear conciencia sobre este problema. En una visita que hizo a Los Angeles a fines de marzo de 2005, subrayó que uno de sus principales argumentos contra las ejecuciones es que el sistema judicial de EU con frecuencia comete errores que dan lugar a que se castigue de manera arbitraria a personas inocentes y se deje en libertad a los verdaderos culpables.

Numerosas investigaciones corroboran las afirmaciones de Meléndez. El Centro de Información de la Pena de Muerte, una de las instituciones de mayor prestigio en el estudio de este tema, revela que el sistema legal de este país tiene serias deficiencias que se han traducido en numerosas condenas equivocadas.

Es bien sabido, por otra parte, que los grupos más vulnerables a convertirse en víctimas de las fallas del sistema legal estadounidense son las minorías y los que carecen de recursos de económicos para conseguir buenos abogados. Para los reos extranjeros, la situación es aún más complicada porque a menudo este país les niega el derecho a recibir asistencia de sus consulados, tal como lo establece la Convención de Viena.

Estas arbitrariedades llevaron a que México demandara a EU ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) por haber condenado a muerte a 51 mexicanos sin informarles de su derecho a recibir ayuda diplomática. En marzo del año pasado, ese tribunal falló a favor de México y, hace poco más de un mes, Bush aseguró que se revisarían esos casos.

Sin embargo, días después Washington dio marcha atrás al anunciar que no pensaba acatar en el futuro los dictámenes de la CIJ y que la última palabra en el caso de los 51 mexicanos, la tendrían los tribunales estatales. Para justificar su decisión, la Casa Blanca se basó en un argumento no sólo endeble sino falso: que su sistema judicial funciona bien y, por lo tanto, no es apropiado que interfieran en sus veredictos cortes internacionales de justicia.

De esta forma, quedaron nuevamente en el aire el destino de los 51 mexicanos que estában condenados a la pena capital, pese a no haber recibido asesoría de sus consulados. También está en riesgo, por supuesto, la vida de cientos o tal vez miles de prisioneros extranjeros a quienes este país les ha negado el derecho internacional a recibir ayuda diplomática.

Con esta actitud, el gobierno de Bush demuestró, una vez más, que su soberbia no tiene límites y que carece de toda autoridad moral para erigirse –como pretende-- en el guardián de los derechos humanos del mundo.
Han pasado casi tres años y la legislación de los Estados Unidos sigue igual, a pesar de todo.

“…ese patíbulo en el que, para eterna enseñanza de las generaciones, hace dos mil años que la ley humana clavó a la ley divina. El día en que el Hombre-Dios sufrió la pena de muerte la abolió.” (Víctor Hugo)

La persona humana, corazón de la paz

Fuente: La Santa Sede
Autor: SS Benedicto XVI

La persona humana, corazón de la paz

1. Al comienzo del nuevo año, quiero hacer llegar a los gobernantes y a los responsables de las naciones, así como a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, mis deseos de paz. Los dirijo en particular a todos los que están probados por el dolor y el sufrimiento, a los que viven bajo la amenaza de la violencia y la fuerza de las armas o que, agraviados en su dignidad, esperan en su rescate humano y social. Los dirijo a los niños, que con su inocencia enriquecen de bondad y esperanza a la humanidad y, con su dolor, nos impulsan a todos trabajar por la justicia y la paz.
Pensando precisamente en los niños, especialmente en los que tienen su futuro comprometido por la explotación y la maldad de adultos sin escrúpulos, he querido que, con ocasión del Día Mundial de la Paz, la atención de todos se centre en el tema: La persona humana, corazón de la paz. En efecto, estoy convencido de que respetando a la persona se promueve la paz, y que construyendo la paz se ponen las bases para un auténtico humanismo integral. Así es como se prepara un futuro sereno para las nuevas generaciones.
La persona humana y la paz: don y tarea
2. La Sagrada Escritura dice: «Dios creó el hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó» (Gn 1,27). Por haber sido hecho a imagen de Dios, el ser humano tiene la dignidad de persona; no es solamente algo, sino alguien, capaz de conocerse, de poseerse, de entregarse libremente y de entrar en comunión con otras personas. Al mismo tiempo, por la gracia, está llamado a una alianza con su Creador, a ofrecerle una respuesta de fe y amor que nadie más puede dar en su lugar. (1) En esta perspectiva admirable, se comprende la tarea que se ha confiado al ser humano de madurar en su capacidad de amor y de hacer progresar el mundo, renovándolo en la justicia y en la paz. San Agustín enseña con una elocuente síntesis: «Dios, que nos ha creado sin nosotros, no ha querido salvarnos sin nosotros». (2) Por tanto, es preciso que todos los seres humanos cultiven la conciencia de los dos aspectos, del don y de la tarea.
3. También la paz es al mismo tiempo un don y una tarea. Si bien es verdad que la paz entre los individuos y los pueblos, la capacidad de vivir unos con otros, estableciendo relaciones de justicia y solidaridad, supone un compromiso permanente, también es verdad, y lo es más aún, que la paz es un don de Dios. En efecto, la paz es una característica del obrar divino, que se manifiesta tanto en la creación de un universo ordenado y armonioso como en la redención de la humanidad, que necesita ser rescatada del desorden del pecado. Creación y Redención muestran, pues, la clave de lectura que introduce a la comprensión del sentido de nuestra existencia sobre la tierra. Mi venerado predecesor Juan Pablo II, dirigiéndose a la Asamblea General de las Naciones Unidas el 5 de octubre de 1995, dijo que nosotros «no vivimos en un mundo irracional o sin sentido [...], hay una lógica moral que ilumina la existencia humana y hace posible el diálogo entre los hombres y entre los pueblos». (3) La “gramática” trascendente, es decir, el conjunto de reglas de actuación individual y de relación entre las personas en justicia y solidaridad, está inscrita en las conciencias, en las que se refleja el sabio proyecto de Dios. Como he querido reafirmar recientemente, «creemos que en el origen está el Verbo eterno, la Razón y no la Irracionalidad». (4) Por tanto, la paz es también una tarea que a cada uno exige una respuesta personal coherente con el plan divino. El criterio en el que debe inspirarse dicha respuesta no puede ser otro que el respeto de la “gramática” escrita en el corazón del hombre por su divino Creador.
En esta perspectiva, las normas del derecho natural no han de considerarse como directrices que se imponen desde fuera, como si coartaran la libertad del hombre. Por el contrario, deben ser acogidas como una llamada a llevar a cabo fielmente el proyecto divino universal inscrito en la naturaleza del ser humano. Guiados por estas normas, los pueblos —en sus respectivas culturas— pueden acercarse así al misterio más grande, que es el misterio de Dios. Por tanto, el reconocimiento y el respeto de la ley natural son también hoy la gran base para el diálogo entre los creyentes de las diversas religiones, así como entre los creyentes e incluso los no creyentes. Éste es un gran punto de encuentro y, por tanto, un presupuesto fundamental para una paz auténtica.
El derecho a la vida y a la libertad religiosa
4. El deber de respetar la dignidad de cada ser humano, en el cual se refleja la imagen del Creador, comporta como consecuencia que no se puede disponer libremente de la persona. Quien tiene mayor poder político, tecnológico o económico, no puede aprovecharlo para violar los derechos de los otros menos afortunados. En efecto, la paz se basa en el respeto de todos. Consciente de ello, la Iglesia se hace pregonera de los derechos fundamentales de cada persona. En particular, reivindica el respeto de la vida y la libertad religiosa de todos. El respeto del derecho a la vida en todas sus fases establece un punto firme de importancia decisiva: la vida es un don que el sujeto no tiene a su entera disposición. Igualmente, la afirmación del derecho a la libertad religiosa pone de manifiesto la relación del ser humano con un Principio trascendente, que lo sustrae a la arbitrariedad del hombre mismo. El derecho a la vida y a la libre expresión de la propia fe en Dios no están sometidos al poder del hombre. La paz necesita que se establezca un límite claro entre lo que es y no es disponible: así se evitarán intromisiones inaceptables en ese patrimonio de valores que es propio del hombre como tal.
5. Por lo que se refiere al derecho a la vida, es preciso denunciar el estrago que se hace de ella en nuestra sociedad: además de las víctimas de los conflictos armados, del terrorismo y de diversas formas de violencia, hay muertes silenciosas provocadas por el hambre, el aborto, la experimentación sobre los embriones y la eutanasia. ¿Cómo no ver en todo esto un atentado a la paz? El aborto y la experimentación sobre los embriones son una negación directa de la actitud de acogida del otro, indispensable para establecer relaciones de paz duraderas. Respecto a la libre expresión de la propia fe, hay un síntoma preocupante de falta de paz en el mundo, que se manifiesta en las dificultades que tanto los cristianos como los seguidores de otras religiones encuentran a menudo para profesar pública y libremente sus propias convicciones religiosas.
Hablando en particular de los cristianos, debo notar con dolor que a veces no sólo se ven impedidos, sino que en algunos Estados son incluso perseguidos, y recientemente se han debido constatar también trágicos episodios de feroz violencia. Hay regímenes que imponen a todos una única religión, mientras que otros regímenes indiferentes alimentan no tanto una persecución violenta, sino un escarnio cultural sistemático respecto a las creencias religiosas. En todo caso, no se respeta un derecho humano fundamental, con graves repercusiones para la convivencia pacífica. Esto promueve necesariamente una mentalidad y una cultura negativa para la paz.
La igualdad de naturaleza de todas las personas
6. En el origen de frecuentes tensiones que amenazan la paz se encuentran seguramente muchas desigualdades injustas que, trágicamente, hay todavía en el mundo. Entre ellas son particularmente insidiosas, por un lado, las desigualdades en el acceso a bienes esenciales como la comida, el agua, la casa o la salud; por otro, las persistentes desigualdades entre hombre y mujer en el ejercicio de los derechos humanos fundamentales. Un elemento de importancia primordial para la construcción de la paz es el reconocimiento de la igualdad esencial entre las personas humanas, que nace de su misma dignidad trascendente. En este sentido, la igualdad es, pues, un bien de todos, inscrito en esa “gramática” natural que se desprende del proyecto divino de la creación; un bien que no se puede desatender ni despreciar sin provocar graves consecuencias que ponen en peligro la paz. Las gravísimas carencias que sufren muchas poblaciones, especialmente del Continente africano, están en el origen de reivindicaciones violentas y son por tanto una tremenda herida infligida a la paz.
7. La insuficiente consideración de la condición femenina provoca también factores de inestabilidad en el orden social. Pienso en la explotación de mujeres tratadas como objetos y en tantas formas de falta de respeto a su dignidad; pienso igualmente –en un contexto diverso– en las concepciones antropológicas persistentes en algunas culturas, que todavía asignan a la mujer un papel de gran sumisión al arbitrio del hombre, con consecuencias ofensivas a su dignidad de persona y al ejercicio de las libertades fundamentales mismas. No se puede caer en la ilusión de que la paz está asegurada mientras no se superen también estas formas de discriminación, que laceran la dignidad personal inscrita por el Creador en cada ser humano. (5)
La ecología de la paz
8. Juan Pablo II, en su Carta encíclica Centesimus annus, escribe: «No sólo la tierra ha sido dada por Dios al hombre, el cual debe usarla respetando la intención originaria de que es un bien, según la cual le ha sido dada; incluso el hombre es para sí mismo un don de Dios y, por tanto, debe respetar la estructura natural y moral de la que ha sido dotado». (6) Respondiendo a este don que el Creador le ha confiado, el hombre, junto con sus semejantes, puede dar vida a un mundo de paz. Así, pues, además de la ecología de la naturaleza hay una ecología que podemos llamar «humana», y que a su vez requiere una «ecología social». Esto comporta que la humanidad, si tiene verdadero interés por la paz, debe tener siempre presente la interrelación entre la ecología natural, es decir el respeto por la naturaleza, y la ecología humana. La experiencia demuestra que toda actitud irrespetuosa con el medio ambiente conlleva daños a la convivencia humana, y viceversa. Cada vez se ve más claramente un nexo inseparable entre la paz con la creación y la paz entre los hombres. Una y otra presuponen la paz con Dios. La poética oración de San Francisco conocida como el “Cántico del Hermano Sol”, es un admirable ejemplo, siempre actual, de esta multiforme ecología de la paz.
9. El problema cada día más grave del abastecimiento energético nos ayuda a comprender la fuerte relación entre una y otra ecología. En estos años, nuevas naciones han entrado con pujanza en la producción industrial, incrementando las necesidades energéticas. Eso está provocando una competitividad ante los recursos disponibles sin parangón con situaciones precedentes. Mientras tanto, en algunas regiones del planeta se viven aún condiciones de gran atraso, en las que el desarrollo está prácticamente bloqueado, motivado también por la subida de los precios de la energía. ¿Qué será de esas poblaciones? ¿Qué género de desarrollo, o de no desarrollo, les impondrá la escasez de abastecimiento energético? ¿Qué injusticias y antagonismos provocará la carrera a las fuentes de energía? Y ¿cómo reaccionarán los excluidos de esta competición? Son preguntas que evidencian cómo el respeto por la naturaleza está vinculado estrechamente con la necesidad de establecer entre los hombres y las naciones relaciones atentas a la dignidad de la persona y capaces de satisfacer sus auténticas necesidades. La destrucción del ambiente, su uso impropio o egoísta y el acaparamiento violento de los recursos de la tierra, generan fricciones, conflictos y guerras, precisamente porque son fruto de un concepto inhumano de desarrollo. En efecto, un desarrollo que se limitara al aspecto técnico y económico, descuidando la dimensión moral y religiosa, no sería un desarrollo humano integral y, al ser unilateral, terminaría fomentando la capacidad destructiva del hombre.
Concepciones restrictivas del hombre
10. Es apremiante, pues, incluso en el marco de las dificultades y tensiones internacionales actuales, el esfuerzo por abrir paso a una ecología humana que favorezca el crecimiento del «árbol de la paz». Para acometer una empresa como ésta, es preciso dejarse guiar por una visión de la persona no viciada por prejuicios ideológicos y culturales, o intereses políticos y económicos, que inciten al odio y a la violencia. Es comprensible que la visión del hombre varíe en las diversas culturas. Lo que no es admisible es que se promuevan concepciones antropológicas que conlleven el germen de la contraposición y la violencia. Son igualmente inaceptables las concepciones de Dios que impulsen a la intolerancia ante nuestros semejantes y el recurso a la violencia contra ellos. Éste es un punto que se ha de reafirmar con claridad: nunca es aceptable una guerra en nombre de Dios. Cuando una cierta concepción de Dios da origen a hechos criminales, es señal de que dicha concepción se ha convertido ya en ideología.
11. Pero hoy la paz peligra no sólo por el conflicto entre las concepciones restrictivas del hombre, o sea, entre las ideologías. Peligra también por la indiferencia ante lo que constituye la verdadera naturaleza del hombre. En efecto, son muchos en nuestros tiempos los que niegan la existencia de una naturaleza humana específica, haciendo así posible las más extravagantes interpretaciones de las dimensiones constitutivas esenciales del ser humano. También en esto se necesita claridad: una consideración “débil” de la persona, que dé pie a cualquier concepción, incluso excéntrica, sólo en apariencia favorece la paz. En realidad, impide el diálogo auténtico y abre las puertas a la intervención de imposiciones autoritarias, terminando así por dejar indefensa a la persona misma y, en consecuencia, presa fácil de la opresión y la violencia.
Derechos humanos y Organizaciones internacionales
12. Una paz estable y verdadera presupone el respeto de los derechos del hombre. Pero si éstos se basan en una concepción débil de la persona, ¿cómo evitar que se debiliten también ellos mismos? Se pone así de manifiesto la profunda insuficiencia de una concepción relativista de la persona cuando se trata de justificar y defender sus derechos. La aporía es patente en este caso: los derechos se proponen como absolutos, pero el fundamento que se aduce para ello es sólo relativo. ¿Por qué sorprenderse cuando, ante las exigencias “incómodas” que impone uno u otro derecho, alguien se atreviera a negarlo o decidera relegarlo? Sólo si están arraigados en bases objetivas de la naturaleza que el Creador ha dado al hombre, los derechos que se le han atribuido pueden ser afirmados sin temor de ser desmentidos. Por lo demás, es patente que los derechos del hombre implican a su vez deberes. A este respecto, bien decía el mahatma Gandhi: «El Ganges de los derechos desciende del Himalaya de los deberes». Únicamente aclarando estos presupuestos de fondo, los derechos humanos, sometidos hoy a continuos ataques, pueden ser defendidos adecuadamente. Sin esta aclaración, se termina por usar la expresión misma de «derechos humanos», sobrentendiendo sujetos muy diversos entre sí: para algunos, será la persona humana caracterizada por una dignidad permanente y por derechos siempre válidos, para todos y en cualquier lugar; para otros, una persona con dignidad versátil y con derechos siempre negociables, tanto en los contenidos como en el tiempo y en el espacio.
13. Los Organismos internacionales se refieren continuamente a la tutela de los derechos humanos y, en particular, lo hace la Organización de las Naciones Unidas que, con la Declaración Universal de 1948, se ha propuesto como tarea fundamental la promoción de los derechos del hombre. Se considera dicha Declaración como una forma de compromiso moral asumido por la humanidad entera. Esto manifiesta una profunda verdad sobre todo si se entienden los derechos descritos en la Declaración no simplemente como fundados en la decisión de la asamblea que los ha aprobado, sino en la naturaleza misma del hombre y en su dignidad inalienable de persona creada por Dios. Por tanto, es importante que los Organismos internacionales no pierdan de vista el fundamento natural de los derechos del hombre. Eso los pondría a salvo del riesgo, por desgracia siempre al acecho, de ir cayendo hacia una interpretación meramente positivista de los mismos. Si esto ocurriera, los Organismos internacionales perderían la autoridad necesaria para desempeñar el papel de defensores de los derechos fundamentales de la persona y de los pueblos, que es la justificación principal de su propia existencia y actuación.
Derecho internacional humanitario y derecho interno de los Estados
14. A partir de la convicción de que existen derechos humanos inalienables vinculados a la naturaleza común de los hombres, se ha elaborado un derecho internacional humanitario, a cuya observancia se han comprometido los Estados, incluso en caso de guerra. Lamentablemente, y dejando aparte el pasado, este derecho no ha sido aplicado coherentemente en algunas situaciones bélicas recientes. Así ha ocurrido, por ejemplo, en el conflicto que hace meses ha tenido como escenario el Sur del Líbano, en el que se ha desatendido en buena parte la obligación de proteger y ayudar a las víctimas inocentes, y de no implicar a la población civil. El doloroso caso del Líbano y la nueva configuración de los conflictos, sobre todo desde que la amenaza terrorista ha actuado con formas inéditas de violencia, exigen que la comunidad internacional corrobore el derecho internacional humanitario y lo aplique en todas las situaciones actuales de conflicto armado, incluidas las que no están previstas por el derecho internacional vigente. Además, la plaga del terrorismo reclama una reflexión profunda sobre los límites éticos implicados en el uso de los instrumentos modernos de la seguridad nacional. En efecto, cada vez más frecuentemente los conflictos no son declarados, sobre todo cuando los desencadenan grupos terroristas decididos a alcanzar por cualquier medio sus objetivos. Ante los hechos sobrecogedores de estos últimos años, los Estados deben percibir la necesidad de establecer reglas más claras, capaces de contrastar eficazmente la dramática desorientación que se está dando. La guerra es siempre un fracaso para la comunidad internacional y una gran pérdida para la humanidad. Y cuando, a pesar de todo, se llega a ella, hay que salvaguardar al menos los principios esenciales de humanidad y los valores que fundamentan toda convivencia civil, estableciendo normas de comportamiento que limiten lo más posible sus daños y ayuden a aliviar el sufrimiento de los civiles y de todas las víctimas de los conflictos. (7)
15. Otro elemento que suscita gran inquietud es la voluntad, manifestada recientemente por algunos Estados, de poseer armas nucleares. Esto ha acentuado ulteriormente el clima difuso de incertidumbre y de temor ante una posible catástrofe atómica. Es algo que hace pensar de nuevo en los tiempos pasados, en las ansias abrumadoras del período de la llamada “guerra fría”. Se esperaba que, después de ella, el peligro atómico habría pasado definitivamente y que la humanidad podría por fin dar un suspiro de sosiego duradero. A este respecto, qué actual parece la exhortación del Concilio Ecuménico Vaticano II: «Toda acción bélica que tiende indiscriminadamente a la destrucción de ciudades enteras o de amplias regiones con sus habitantes es un crimen contra Dios y contra el hombre mismo que hay que condenar con firmeza y sin vacilaciones». (8) Lamentablemente, en el horizonte de la humanidad siguen formándose nubes amenazadoras. La vía para asegurar un futuro de paz para todos consiste no sólo en los acuerdos internacionales para la no proliferación de armas nucleares, sino también en el compromiso de intentar con determinación su disminución y desmantelamiento definitivo. Ninguna tentativa puede dejarse de lado para lograr estos objetivos mediante la negociación. ¡Está en juego la suerte de toda la familia humana!
La Iglesia, tutela de la trascendencia de la persona humana
16. Deseo, por fin, dirigir un llamamiento apremiante al Pueblo de Dios, para que todo cristiano se sienta comprometido a ser un trabajador incansable en favor de la paz y un valiente defensor de la dignidad de la persona humana y de sus derechos inalienables. El cristiano, dando gracias a Dios por haberlo llamado a pertenecer a su Iglesia, que es «signo y salvaguardia de la trascendencia de la persona humana» (9) en el mundo, no se cansará de implorarle el bien fundamental de la paz, tan importante en la vida de cada uno. Sentirá también la satisfacción de servir con generosa dedicación a la causa de la paz, ayudando a los hermanos, especialmente a aquéllos que, además de sufrir privaciones y pobreza, carecen también de este precioso bien. Jesús nos ha revelado que «Dios es amor» (1 Jn 4,8), y que la vocación más grande de cada persona es el amor. En Cristo podemos encontrar las razones supremas para hacernos firmes defensores de la dignidad humana y audaces constructores de la paz.
17. Así pues, que nunca falte la aportación de todo creyente a la promoción de un verdadero humanismo integral, según las enseñanzas de las Cartas encíclicas Populorum progressio y Sollicitudo rei socialis, de las que nos preparamos a celebrar este año precisamente el 40 y el 20 aniversario. Al comienzo del año 2007, al que nos asomamos —aun entre peligros y problemas— con el corazón lleno de esperanza, confío mi constante oración por toda la humanidad a la Reina de la Paz, Madre de Jesucristo, «nuestra paz» (Ef 2,14). Que María nos enseñe en su Hijo el camino de la paz, e ilumine nuestros ojos para que sepan reconocer su Rostro en el rostro de cada persona humana, corazón de la paz.
Vaticano, 8 de diciembre de 2006.

Benedicto XVI

Notas:

[1] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 357.
[2] Sermo 169, 11, 13: PL 38, 923.
[3] N. 3.
[4] Homilía en la explanada de Isling de Ratisbona (12 septiembre 2006).
[5] Cf. Congr. para la Doctrina de la Fe, Carta a los obispos de la Iglesia católica sobre la colaboración del hombre y de la mujer en la Iglesia y en el mundo (31 mayo 2004), 15-16.
[6] N. 38.
[7] A este respecto, el Catecismo de la Iglesia Católica ha impartido unos criterios muy severos y precisos: cf. nn. 2307-2317.
[8] Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 80.
[9] Ibíd., 76.

¿Sabías que.....?

Por: MaGdubell

“Saber que se sabe lo que se sabe, y saber
que no se sabe lo que no se sabe: sabiduría”.

Karr

“Esto sólo sé: que no sé nada”. Así respondió Sócrates al oráculo de Delfos, que le había calificado como el más sabio de los hombres. Estas palabras se han considerado siempre como la fórmula de la sabiduría.

El ser humano, por naturaleza, es ávido de aprender de todo, lo bueno y lo malo, lamentablemente es más fácil y socorrido aprender lo malo. Pero de cualquier manera, independientemente de la calidad, generalmente se inclina por lo práctico, por lo banal, lo que le pueda significar obtener bienes materiales fácil y rápidamente, y......de la moral, ¿quien se acuerda?, para desgracia del ser humano muy pocos.

Así, el ser humano aprende muchas cosas pero, al paso del tiempo, cuando, también por naturaleza, se da cuenta de que la importancia de lo moral va adquiriendo dimensiones mayores, se da cuenta también de que no sabe nada, y de que el campo del conocimiento humano es infinito, inalcanzable para la mente humana. De ahí que la respuesta de Sócrates al oráculo de Delfos es la fórmula de la sabiduría.

En este contexto, hace varios años, un hombre de aproximadamente 60 años, que trabajaba como encargado de la limpieza en las instalaciones de una universidad, dio a un joven y prestigiado catedrático una enseñanza que nunca olvidó, y que mucho lo ayudó a normar la ética de su vida en general.

Aquel trabajador, hombre honesto, amable y de un elevado espíritu de servicio, siempre estaba presto para atender cualquier requerimiento de quien se lo pidiera, así fuera estudiante, profesor u otro trabajador de la institución. Era, por ello, apreciado y espetado por todos. Sin embargo, en el ambiente de los estudiantes, y aunque no lo externaban abiertamente, lo tenían catalogado como un anciano loco; ambiente que por inercia, queriéndolo o no, traspasaba hasta el medio docente.

Una mañana, durante la época de exámenes, el joven catedrático se encontró en su cubículo al trabajador, que estaba inspeccionando la limpieza, quien en forma extremadamente amable, como era regularmente su costumbre, lo saludó y se puso inmediatamente a sus órdenes. El catedrático, haciendo una caravana con la cabeza, le contestó el saludo y le agradeció su ofrecimiento. Como estaban solos y había tranquilidad en el ambiente, el trabajador se animó y le dijo al catedrático: -“Debe ser mucho muy interesante y avasalladora la ciencia y la tecnología, pero con ellas se pierden los valores y sentimientos humanos”.

El catedrático, mirándolo a soslayo, le contestó: -Yo no lo creo así, ¿por qué piensa eso?

Entonces el trabajador, sacando de un pequeño morral que llevaba colgado del hombro un papel doblado, le dijo al catedrático: -“Quisiera, si usted me lo permite, prestarle esta carta que me dio mi abuelo cuando yo era púber, para que la lea después con calma. En ella cuestiona sobre aspectos importantes de las relaciones humanas que generalmente se soslayan o simplemente se ignoran. Léala y medítela”.

El catedrático aceptó la carta, la guardó en su portafolios y se alejó rumbo al aula donde impartiría su cátedra. Horas después, ya de regreso a su cubículo, se acordó del encuentro de esa mañana con el trabajador y de la carta, abrió su portafolios, sacó la carta, la miró un rato, la desdobló y procedió a leerla. Leyó la carta detenidamente, al terminar se quedó meditando por un buen rato, dobló la carta y la guardó, pero al mismo tiempo, susurrando para sí mismo, dijo: -“que gran verdad hay en esto, Sócrates tenía razón, estudiamos, aprendemos y creemos que sabemos mucho, pero en realidad no sabemos nada, sobre todo de lo que más importa”. Pero, ¿qué decía la carta?, abrámosla y leámosla:

«Querido nieto:

El ser humano, en su afán de aprender se olvida de lo mas importante que son las relaciones humanas. En esto esta el fundamento de su propio bienestar que es el fin último de su propio bienestar. Conocerte bien a ti mismo es conocer a tus semejantes. Ama a tu prójimo como a ti mismo. Si tu no te conoces y amas a ti mismo, ¿cómo puedes conocer y amar a tus semejantes?

Ø ¿Sabías, que los celos hacia una persona suceden cuando la quieres de verdad?
Ø ¿Sabías, que las personas que parecen ser muy fuertes, son las más débiles?
Ø ¿Sabías, que las personas que siempre defienden a los demás son los que más necesitan que los defiendan?
Ø ¿Sabías, que las tres palabras más difíciles de decir son: Te quiero, Perdón y Ayúdame. Las personas que lo dicen son las que realmente lo necesitan o lo sienten, y son las que más debes valorar, porque lo han dicho?
Ø ¿Sabías, que las personas que ocupan su tiempo en hacerle compañía a los demás, ó ayudarlos, son las que más necesitan de tu ayuda y de tu compañía?
Ø ¿Sabías, que las personas que se visten de rojo son las más seguras de sí mismas?
Ø ¿Sabías, que las personas que se visten de amarillo son las que disfrutan más de su belleza?
Ø ¿Sabías, que las personas que se visten de negro son las que quieren pasar desapercibidas, y necesitan de tu comprensión y ayuda?
Ø ¿Sabías, que cuando ayudas a alguien se te devuelve esa ayuda al doble?
Ø ¿Sabías, que las personas que más necesitan de ti son las que no te lo dicen?
Ø ¿Sabías, que es más fácil decir lo que sientes si lo escribes que si se lo dices a la persona de frente?
Ø ¿Sabías, que tiene más valor lo que cuesta hacer o decir que lo que te cuesta y tienes que pagar con dinero?
Ø ¿Sabías, que los seres humanos superiores no se apenan por sus desdichas; pero sí por las ajenas?
Ø ¿Sabías, que si pides algo con mucha fe, y a esa fe sólo le ves el lado positivo, se te cumplen las cosas?
Ø ¿Sabías, que puedes hacer tus sueños realidad, como: el amor, el dinero y la salud, si lo pides con fe, y que, si realmente lo supieras, no te estarías maravillando de lo que puedes hacer con ella?
Ø ¿Sabías, que los que posees nobles sentimientos, sufren con los que sufren y gozan con los que gozan?
Ø ¿Sabías, que debemos ser clementes en nuestros juicios?
Ø ¿Sabías, que es preferible la bondad a la inteligencia?
Ø ¿Sabías, que para aplacar a las personas es preferible la bondad y la justicia?
Ø ¿Sabías, que en la bondad de tus acciones encontrarás la fuente de tu alegría?
Ø ¿Sabías, que si eres bueno y te acontece algo malo, forzosamente tiene que ser para tu bien?
Ø ¿Sabías, que siempre debes ponerte del lado de los que sufren, ¡sean quienes sean!?
Ø ¿Sabías, que lo más digno de respeto en las personas es la bondad?
Ø ¿Sabías, que la capacidad de bien que hay en el alma humana es inmensa?
Ø ¿Sabías, que sin humildad es imposible concebir la felicidad?
Ø ¿Sabías, que no hay nada que produzca más satisfacciones espirituales que la humildad?
Ø ¿Sabías, que para que la grandeza de un hombre sea completa debe haber en ella humildad?
Ø ¿Sabías, que hay un placer exquisitamente espiritual en ser humilde y agradecido?

Actúa con sencillez en todo. Sé humilde. Piensa con modestia de ti. Ignora a los petulantes y soberbios, porque en ellos no hay nada, y de la nada, no hay por qué ocuparse; pero siempre sin dejar de ser clemente con ellos.

Tienes muchos deberes que cumplir para con tus semejantes, y uno de ellos, quizás el primero, es el de tratar de suavizar o mitigar sus penas. Tu poder para realizar el bien es inmenso. ¡No importa que no poseas bienes de fortuna, si sientes amor y compasión, si eres bondadoso y comprensivo, y si tu sonrisa está siempre presta a entregarse!. Los males son infinitos; pero los que puedes remediar son también infinitos.

Mas no creas todo lo que te digo, hasta que no lo compruebes por ti mismo. Si conoces a alguien que necesite cualquier cosa de las que te he dicho y que la puedes ayudar, dale tu ayuda, y verás que se te devolverá al doble, o ayúdate a ti mismo, y verás los resultados.

Si al mundo entero le quedaran veinticuatro horas de existencia, todas las líneas de teléfono se saturarían de personas que llamarían a alguien para decirle: “Lamento haberte hecho sentir mal”, “Perdóname”, “Te quiero”, “Te estimo”, “Te cuidas”, y hasta algunas veces “Siempre te amé pero nunca te lo dije”.

Mantén siempre, sobre todas las cosas y muy firme, tu fe en Dios. Recuerda que siempre está contigo a tu lado y que siempre cuentas con El. En el momento, hora y lugar que lo necesites, llámalo, estará contigo.

Algún día los locos moveremos al mundo.....o ya lo estamos moviendo. Hoy te paso la Estafeta de la Amistad a ti, trasmite estas ideas a todo ser humano que conozcas. No sientas mal si alguien te rechaza o se burle de ti, consérvala para otras personas más, siempre habrá quien te escuche con interés, y al final de tu vida sabrás que la portaste con dignidad.»


Diciembre /2002.